10-12-2020 / 14:13 h EFE

Profesores del Instituto Pedro Antonio de Alarcón de Guadix (Granada) han celebrado la reapertura de la hostelería tras tres semanas de cierre por la pandemia ofreciendo un sobre con dinero a la dueña del bar que cada día les sirve el desayuno, la salvación del negocio y toda una lección solidaria.

Mónica Olivencia lleva toda su vida trabajando en la hostelería y se convirtió hace poco más de cuatro años en la dueña del bar El Sabio, un negocio ubicado cerca del Instituto Pedro Antonio de Alarcón de Guadix (Granada).

En sus planes de negocio no entraba una pandemia mundial pero marzo le sirvió este desagradable menú con sus meses de estado de alarma y de cierre, una bajada de persiana que se fue comiendo los ahorros de esta madre de familia.

El alquiler, la luz, los recibos, los autónomos... y así, toda una carta de gastos, la misma que cualquier otro establecimiento, que vaciaron la hucha de esta accitana empeñada en mantener a flote un barco que reabrió con limitaciones de aforo y restricciones de horario hasta el nuevo maremoto del mes de noviembre.

"Abres como puedes y cuando te das cuenta, te dicen que mañana tienes que volver a cerrar", ha explicado a Efe esta hostelera.

Su historia, esa de esfuerzos familiares y de un mes de alquiler sin pagar, sería igual que la de muchos otros pequeños empresarios del sector abocados a no levantar más la persiana si no fuera por la lección de parte de sus clientes, la del claustro de profesores del Instituto Pedro Antonio de Alarcón.

El postre para endulzar el pesar de Mónica lo calculó Esmeralda Peña, profesora de matemáticas de este centro accitano con un claustro de 55 docentes en su turno diurno y nocturno.

"Como no podía abrir, se me ocurrió que podíamos ayudar y mandé un correo al claustro de profesores. Les expliqué que podíamos darle el dinero que nos habríamos gastado en desayunar esas semanas de cierre porque toda ayuda sería bienvenida", ha contado a Efe esta docente.

A esa lección solidaria se ha sumado una amplia mayoría de los trabajadores de este instituto, docentes que metieron dinero en un sobre, algunos incluso pese a no ir nunca a desayunar a este bar, y se plantaron en el local que cada día les sirve el café para alimentar la autoestima y el ánimo de Mónica.

"Mónica se emocionó muchísimo, no paró de llorar en todo el lunes, no se lo esperaba", recuerda Esmeralda, una profesora con el vínculo especial que da ir cada día a desayunar al mismo sitio.

La afortunada dueña del bar sigue emocionada por un gesto que compara con los anuncios de la lotería de Navidad y que le ha servido para recuperar fuerzas, para pagar facturas, "para venirte arriba y sentirte grande".

"Vienen media hora, les pones el café y muchas veces no te da ni tiempo a atenderlos como merecen, pero un día te dan la sorpresa", resume Mónica, que ya había recibido mensajes de ánimo de sus clientes, a quienes recordará "siempre".

"Estamos para enseñar, para educar en valores que es lo más importante y lo que más se está perdiendo, porque los profesores no solo damos matemáticas o lengua, tenemos que enseñar a ser buenas personas", añade la organizadora de un grupo de profesores con clase que esperan que este gesto sirva de ejemplo a sus alumnos y endulzar el proyecto de Mónica.

 
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