22-10-2020 / 23:10 h EFE

El 22 de octubre de 2020 se fijará en el calendario del Granada como una fecha histórica, la de su debut con victoria en la fase de grupos de la Liga Europa (1-2). Cuando el árbitro Felix Zwayer dio la orden de comenzar el partido, el sonido de su silbato hizo eco en las vacías gradas del Philips Stadion de Eindhoven. Silencio, juega el Granada.

Tras una primera parte igualada, en la que el conjunto nazarí se fue al descanso con un marcador adverso, Diego Martínez tiró de pizarra, buen plante en el terreno y alguna que otra genialidad individual. Desde la tribuna se oyó de todo: los gritos y aplausos de ánimo desde el banquillo, las quejas de los jugadores en el césped, la música cuando marcó el conjunto local y, sobre todo, los periodistas rafiofónicos.

La tribuna alojó un puñado de reporteros españoles y unos veinte holandeses. La no presencia de aficionados permitió escuchar con claridad la diferencia entre las retransmisiones por onda corta entre los periodistas de ambas nacionalidades. Los locales son más comedidos, gesticulan poco y, cuando los suyos marcan un gol, se canta por apenas uno o dos segundos.

Otra historia fue cuando Molina primero y Machís después colaron el esférico en el fondo de la red. Las radios españolas cantaron ambos tantos por varios segundos, con alegría, mientras sus colegas de prensa escrita levantaban los brazos efusivamente. El Granada tumbaba a uno de los grandes de Europa y líder actual de la liga holandesa, el PSV Eindhoven, en su propia casa.

Más allá del buen estreno del Granada en el fútbol europeo, hay cosas en el fútbol en tiempos de pandemia que siguen igual en las competiciones del viejo continente. La música continúa poniéndose a todo volumen en los minutos previos al partido, unos voluntarios colocan una gran tela con el logo de la competición en el centro del campo, aguardan de rodillas y se la llevan corriendo al recibir la señal. Cuando los jugadores salen, la música llega a su punto culminante, combinado con un gran juego de luces, pero sin nadie en las gradas que jalee el espectáculo.

Había pancartas con eslóganes de ánimo hacia los locales, “¡Vamos PSV!” era el más repetido. Ningún aficionado tuvo acceso al Philips Stadion, pero los más fanáticos se hicieron oír a base de fuegos artificiales que se escucharon en dos ocasiones desde dentro del estadio. La primera en el minuto 11 y, la segunda, justo después del descanso. Fue una manera de decirle a los suyos que, a pesar de las restricciones, ahí seguían, animándolos.

Afortunadamente para el Granada, no tuvieron efecto. Llegó el gol de Molina, gracias a una jugada de balón parado marca de la casa, y el venezolano Machís hizo el segundo con un impresionante disparo de rosca. El PSV se fue arriba en los últimos minutos y se encontró con una defensa ordenada, atenta a todo. “¡Solo quedan diez segundos!”, se escuchó desde el banquillo nazarí cuando el portero Rui Silva atajó la pelota en el minuto 94. Aguantó, sacó en largo y final del encuentro. El Granada alcanzaba la gloria.

 
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