17-10-2020 / 14:21 h EFE

Los más de 144.000 salmantinos se han tomado con paciencia y ajustando su día a día el esperado y anunciado confinamiento perimetral de la ciudad, que rige desde esta madrugada y se prolongará hasta el 30 de octubre para intentar frenar la curva del coronavirus y una incidencia de más de 500 casos por 100.000.

La ciudad se ha despertado confinada ya que la medida ha comenzado a las cero horas de esta madrugada, con sus calles con la tranquilidad propia de un domingo de primavera, pese a ser un sábado de otoño, con un espléndido sol, sin apenas paseantes y con los comercios abiertos.

A simple vista no parecía que algo hubiera cambiado hasta dar con la escena que se ha podido ver a lo largo de toda la mañana en las principales vías de acceso a la ciudad, con importantes controles por parte de las policías Local y Nacional, además de la Guardia Civil.

La vigilancia policial comenzó a última hora de anoche, antes de las doce, para cerrar bares que incumplían los horarios establecidos o, incluso, para sancionar a personas que no llevaban las mascarillas.

Pero no se han visto los tumultos de hace una semana, con un jueves inicio de las noches festivas para miles de jóvenes, y el ejemplo más evidente ha estado en la plaza de San Julián donde el pasado día 10 las terrazas no cumplían las distancias de seguridad y sobre las 23 horas de ayer prácticamente estaban vacías.

Fuentes de la Policía Nacional han confirmado a Efe que anoche se abrieron una treintena de actas de propuesta de sanción, para establecimientos y para personas particulares, mientras que por parte de la Policía Local se desalojaron, pasadas las cero horas, ocho pisos con más de seis personas no convivientes y se multó a 21 personas por ir sin mascarilla.

A lo largo de la mañana la actividad diaria de la ciudad ha comenzado a notarse en las calles, aunque con menos afluencia de la habitual para un sábado de octubre.

En la Plaza Mayor, apenas se ha visto a jóvenes, mientras que los mayores que paseaban, una imagen típica de Salamanca, lo han hecho con normalidad, según ha referido a Efe un salmantino de 78 años para quien "todo esto se veía venir", y además era "muy esperado", ha añadido otro compañero de paseo de 79 años.

El tercero de la cuadrilla de amigos, ataviados con sus gorras ya de invierno y sus abrigos por el frío que se percibía a las 10,30 de esta mañana, ha ido más allá al buscar responsables del aumento de casos de coronavirus: "estaba claro lo que iba a ocurrir a partir del 1 de octubre, con el inicio de las clases en las universidades de Salamanca".

Desde primera hora de la mañana, un control de la Policía Local, a la entrada de Salamanca por la carretera de Valladolid, ha tratado de persuadir a los que trataban de acceder a la capital salmantina.

Algunos desconocían bien las medidas alegando que había ido al polígono "de Los Villares a hacer unas compras", cuando se trata de una zona fuera de la capital, por lo que hay que salir, y otros conductores han mostrado los certificados de que estaban trabajando y una mayoría cumplía con todas las normas.

A las 11,30 horas, un dispositivo de la Policía Nacional controlaba la salida de Salamanca, hacia la carretera de Madrid o de municipios cercanos como Santa Marta de Tormes, Terradillos o Alba de Tormes.

En este control, una mujer ha tenido que darse la vuelta al ser advertida de que no podía salir de Salamanca aunque fuera "a comprar una lavadora"; otro señor, de más de 70 años, también tuvo que regresar cuando los agentes le dijeron que no debía salir de la capital "para ir a comprar a una tienda de deportes", como argumentó.

Y a última hora de la mañana, la Guardia Civil controlaba las salidas de Salamanca, hacia Valladolid, con muchas advertencias a conductores de que "no podrán regresar porque la residencia la tienen fuera de la capital".

Mientras tanto, la vida ha continuado por las calles de Salamanca, aunque a la mayoría de sus vecinos han tenido que hacer "algún cambio de costumbres", como ha sido el caso de Antonio Diego, de 82 años, que todos los sábados se traslada cuatro kilómetros, desde el barrio de los Pizarrales a Villamayor, para echar la partida de cartas con los amigos.

"Hoy tocará jugar a las cartas en otro bar de Salamanca y con otros compañeros. Qué le vamos a hacer", se ha lamentado.

 
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