25-08-2020 / 9:19: h EFE

Con una oración, el rohinyá Mohammad Jubair recuerda este martes desde los abarrotados campamentos de refugiados en Bangladesh la ofensiva militar que hace tres años expulsó a 738.000 miembros de esta minoría de la vecina Birmania.

Las restricciones impuestas en los campamentos para frenar el avance del coronavirus le impiden como al resto de refugiados participar en protestas para exigir garantías de seguridad y ciudadanía a Birmania en caso de repatriación, como sí hizo el año pasado en la masiva manifestación en la que participaron unos 100.000 rohinyás.

"No voy a unirme a ninguna protesta este martes, solo voy a rezar. Es un día muy doloroso para nosotros. Los militares de Birmania mataron a nuestra gente y nos echaron de nuestra propia tierra", denunció en declaraciones a Efe un frustrado Jubair.

DE BRAZOS CRUZADOS Y BAJO RESTRICCIONES

Familias como la de Jubair y otros 738.000 rohinyás comenzaron a huir a Bangladesh el 25 de agosto de 2017, cuando el Ejército birmano reaccionó de manera desproporcionada a una serie de ataques de un grupo rebelde rohinyá en la región de Rakáin (Arakán), en el oeste de Birmania.

La ofensiva fue descrita por la ONU como un ejemplo de limpieza étnica y un posible genocidio, y la Corte Internacional de Justicia (CIJ) impuso a Birmania en enero una serie de medidas cautelares para prevenir crímenes contra los rohinyás en su territorio.

Forzados a cruzar la frontera para salvar sus vidas, los refugiados rohinyás se encuentran desde hace tres años confinados en campamentos y, desde la masiva manifestación del año pasado, sin acceso a internet.

"Están en los campamentos de brazos cruzados (...) y no pueden ni salir. Sus derechos para comunicarse han sido restringidos con el bloqueo de internet. Los rohinyás merecen una mejor vida", dijo a Efe el activista de derechos humanos bangladesí Nur Khan Liton.

Jubair corrobora que apenas consigue con qué ocuparse, y la situación de sus hijos también le preocupa.

"Vivo en un pequeño refugio junto a mi familia, nuestros hijos no están recibiendo ninguna educación y están malgastando su vida", lamenta.

REPATRIACION EN EL LIMBO

Pero aunque Jubair desea volver a su hogar en Birmania, la pandemia ha estancado las negociaciones entre Bangladesh y Birmania sobre un nuevo intento de repatriar a los rohinyás, después de que los dos anteriores fracasaran al no presentarse voluntarios.

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), por el momento se han detectado 86 casos de la COVID-19 en los campamentos, y seis refugiados han fallecido.

"Aunque el número de casos en los campamentos es bajo, nos estamos tomando la situación muy en serio", dijo a Efe el portavoz de ACNUR Mostafa Mohammad Sazzad Hossain.

No parece, pues, que vaya a producirse pronto una tercera tentativa con todos los actores centrados en evitar que el coronavirus se descontrole en los campamentos de refugiados.

El comisionado para la Ayuda y Repatriación de Refugiados de Bangladesh, Mahbub Alam Talukder, precisó a Efe que la nación asiática no ha paralizado por completo las negociaciones con Birmania.

"Mantenemos una comunicación con las autoridades birmanas sobre la repatriación, lo que pasa es que últimamente la pandemia nos ha impedido celebrar un diálogo formal. Pero podríamos reiniciarlo en cualquier momento", dijo Talukder.

FALTA DE ACCION POR PARTE DE BIRMANIA

La organización pro derechos humanos Amnistía Internacional (AI) afirmó este martes que las autoridades birmanas están incumpliendo la orden de la Corte Internacional de Justicia de proteger a la minoría rohinyá en Rakáin.

La ONG denunció en un artículo en su web que los rohinyás y otras minorías se encuentran atrapadas en el conflicto armado entre las fuerzas armadas birmanas (Tatmadaw) y el Ejército Arakán (AA, siglas en inglés), la guerrilla del grupo étnico rakáin.

"Es como si nos encontráramos en una nueva guerra después de acabar otra. El AA y el Tatmadaw han estado luchando casi a diario cerca de nuestra aldea", dijo a Efe U Shawfi, un líder rohinyá en la aldea Phon Nyo Leik, en el norte de Rakáin.

Shawfi, de 41 años, afirmó que hace un mes que no hay combates en su área, pero continúan las restricciones de movimiento y las autoridades han bloqueado desde hace meses las señales móviles de internet, excepto el 2G.

AI afirmó que la limitación de internet está dificultando la monitorización de la situación en el estado, aunque han detectado a través de vídeos e imágenes de satélite la construcción reciente de edificios oficiales en terrenos que pertenecieron a los rohinyás expulsados.

"Y están amenazados por la pandemia de la COVID-19 en un estado donde ya sufrían unos servicios vergonzosamente inapropiados", indicó la ONG.

Human Rights Watch (HRW) denunció por su parte en un comunicado que Birmania debe ir más allá y permitir "un retorno seguro y voluntario de los refugiados rohinyás".

Naciones Unidas tiene claro que los refugiados regresarán a Rakáin si las condiciones son apropiadas.

"Nadie quiere seguir siendo un refugiado toda su vida, los refugiados rohinyás solo quieren volver a casa, pero quieren estar seguros de que ellos y sus familias están a salvo", recordó el portavoz de ACNUR en Bangladesh.

 
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