20-08-2020 / 5:39: h EFE

Como presidente tenía fama de frío e imperturbable, pero la destrucción de su legado por parte del Gobierno de Donald Trump ha hecho que Barack Obama (2009-2017) sea recordado con frecuencia y que los demócratas hayan elegido al que fue su fiel vicepresidente, Joe Biden, para volver al poder.

Hace cuatro años, Obama, el primer y único presidente negro de la historia de EE.UU., abrazó como su sucesora a Hillary Clinton frustrando así las ilusiones de Biden, quien después confesaría que en sus larga charlas con el entonces presidente, que también era su amigo, este "no fue alentador".

Obama se mostraba entonces esperanzado y optimista sobre el futuro del país, pero su entusiasmo no tardó en decaer una vez que le entregó las llaves de la Casa Blanca a Trump.

De hecho, las contadas apariciones que el expresidente ha hecho durante estos cuatro años de retiro y bajo perfil han sido para azotar las políticas, las ideas y las maneras de su sucesor en el cargo.

EL SILENCIO DE OBAMA

Al decidir Biden que se presentaba a la Presidencia este 2020, muchos esperaban un espaldarazo de Obama, pero el exmandatario guardó silencio, incluso cuando la campaña de su amigo estuvo a punto de derrumbarse al inicio de las primarias.

Aunque Biden se presentó como el heredero de Obama, este tan solo le apoyó cuando su victoria era inevitable.

"Durante ocho años, Joe fue el último en la sala cuando me enfrenté a una gran decisión. Me convirtió en un mejor presidente. Tiene el carácter y la experiencia para hacernos un mejor país", afirmó esta noche Obama en la Convención Nacional Demócrata, aupando ahora sí a su vicepresidente.

De hecho, el propio Trump quiso sacar tajada esta noche de la tardanza de Obama en apoyar a Biden, y mientras el exmandatario hablaba en la convención tuiteó: ¿Por qué rechazó apoyar al lento Joe hasta que estaba todo hecho? ¿Por qué intento que no se presentara?" (esto último algo no ha confirmado ninguna fuente)

En los últimos meses de su Presidencia, Obama se libró del corsé inherente a las campañas políticas, no tuvo pelos en la lengua para denunciar la xenofobia de Trump y mostró sus emociones con la que fue su gran frustración: haber fracasado contra la violencia de las armas.

UN PRESIDENTE QUE LLORÓ POR LAS MASACRES

A Obama se le vio llorar con las recurrentes masacres y también lo hizo cuando en enero de 2016 compareció en la Casa Blanca para presentar nuevas medidas ejecutivas sobre el control de las armas de fuego y recordó a los 20 niños asesinados en el tiroteo en la escuela Sandy Hook de Newtown (Connecticut) en 2012.

"Cada vez que pienso en esos niños me enfurezco", declaró entonces Obama, quien también lloró ante las cámaras el día que ocurrió esa matanza.

Dejó la Casa Blanca con una popularidad superior al 50 % y no quiso contar lo que pensaba hacer, aunque se quedó a vivir en Washington para que su hija menor, Sasha, pudiese terminar la educación secundaria, aunque también desató especulaciones de que buscaba mantener su influencia en una eventual Presidencia de Clinton.

Obama, de 59 años, había comentado en varias ocasiones que cuando terminase su mandato seguiría siendo "muy joven" y se veía volviendo "a hacer el tipo de trabajo que hacía antes", cuando fue trabajador social en Chicago.

Chicago es el hogar de su esposa, Michelle, pero le ha dado mucho a Obama. La familia mantiene su casa en la parte sur de la ciudad, la misma zona donde se construirá la biblioteca sobre su legado presidencial.

LA FIGURA DE LA MADRE

Nació un 4 de agosto de 1961 en Hawái, el estado más joven y lejano de EE.UU., y le pusieron de nombre Barack como su padre, un economista keniano educado en Harvard, pero quien realmente le marcó fue su madre, Stanley Ann Dunham, una antropóloga de Kansas.

Tras la separación de sus padres cuando apenas tenía dos años, el pequeño Barack Hussein volvió a ver a su progenitor solo una vez más y el nuevo matrimonio de su madre lo llevó al país de su padrastro, Indonesia, donde se educó en escuelas musulmanas y católicas.

A los 10 años su madre lo envió de vuelta a Hawái, con sus abuelos, para que recibiera una mejor educación. En su adolescencia tuvo escarceos con las drogas y estaba más pendiente del baloncesto que de los libros, pero fue un alumno brillante y terminó estudiando Políticas en la Universidad de Columbia y Derecho en Harvard.

Su abuela materna, Madelyn Payne Dunham, fallecida el día antes de su triunfo electoral del 4 de noviembre de 2008 y quien lo quiso "más que a nada en el mundo", lo inspiró a pensar en grande.

Ella "creía en la promesa fundamental del sueño americano" de la recompensa al trabajo duro "y nos resucitó" con su ejemplo, según confesó su esposa Michelle, la abogada con la que comparte su vida desde 1992.

 
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