20-07-2020 / 16:01 h EFE

Koldo Chamorro, fotográfo autodidacta cuya serie “El Santo Christo Ibérico” llega al Museo Lazaro Galdiano de Madrid como parte de PhotoESPAÑA, radiografió las luces y, sobre todo, las sombras, de los ritos religiosos en la sociedad española durante casi tres décadas.

El legado del autor vasco es uno de los menos conocidos de su generación, aunque formó parte del grupo de los “Los Cinco Jinetes del Apocalipsis”, junto a nombres como Cristina García Rodero o Ramón Zabalza, y sus miradas y objetos de estudio eran similares.

Como sus compañeros, Chamorro -fallecido en 2009- fotografió el peso de la religión en una España que se debatía las manifestaciones religiosas y el oscurantismo y la llegada de la modernidad y la globalizacion.

Pero su mirada era diferente. “Asumió riesgos que otros no tomaron”, asegura Clemente Bernad comisario de la exposición que podrá visitarse hasta el 20 de septiembre, y llega en una versión reducida de otra organizada en el Museo de Navarra.

Una mujer tirada en un cementerio mostrando los pechos, una procesión en un pueblecito de Zamora con el cura a la cabeza o niños jugando en la plaza del pueblo con la cruz de fondo. Aquella España, estaba marcada por una religión hegemónica, el Catolicismo, y sus símbolos se encontraban por todas partes.

El autor vasco trabajó en esta serie, “El Santo Christo Ibérico”, desde los últimos años del Franquismo (hacia 1974) hasta 2000, año del Jubileo. El propio autor marcó en los miles de negativos que acumuló en esos años, unas 1.200 fotos como la selección final del proyecto.

La muestra está dividida en las paradas del Vía Crucis, como él mismo la concibió. Además de la vida y los ritos religiosos de pueblos de Navarra, Zamora, Salamanca o Huelva en los ochenta y los setenta, también hay grandes urbes como Madrid.

Una de las imágenes que el comisario apunta como clave es de construcción de la Torre Picasso, en la capital; sus pilares, todavía en construcción, parece una agrupación de cruces en el cielo madrileño.

Si al principio Chamorro “se ciñe” al registro de rituales religiosos, en un trabajo más puramente documental, con el paso de los años “se desplaza” hacia la periferia estas prácticas y empieza a fijarse en “símbolos religiosos” que aparecen fuera de contexto, esta es la parte “más interesante” de su trabajo, según el comisario.

La cruz aparece en la calle, en procesiones, dentro y fuera de iglesias, en plazas de pueblos, pero también en un poste de cables de la luz o en la postura de un muerto sobre una camilla en un hospital.

Las sombras marcan el trabajo de Chamorro que jugaba a despistar al espectador y que construía imágenes que hay que mirar dos veces, porque casi siempre “se descubren cosas nuevas”.

Chamorro, autodidacta y con una personalidad renacentista, pero también “compleja” y en ocasiones incómoda, vivía de encargos publicitarios. En vida no tuvo la relevancia de otros autores y cuando falleció su legado cayó “en un pozo de silencio”.

“Su trabajo no casaba con la imagen que España quiso proyectar de modernización”, asegura Bernad, que trata de recuperar la figura del autor vasco.

El archivo que Chamorro dejó a su hija es un “enorme patrimonio” de la historia reciente de España, esta formado por millones de imágenes de esa España rural que estaba destinada a desparecer, pero que sobrevivió de alguna manera hasta nuestros días.

 
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