10-06-2020 / 17:10 h EFE

La anticipación, la concienciación de los trabajadores y las lecciones de vida de las personas mayores de la residencia de Puente Viesgo permitieron que el coronavirus no afectara a nadie en ese centro, que tuvo que mermar "muchísimas libertades" y buscar fórmulas ante una situación "nunca jamás prevista".

Con 147 residentes y 79 trabajadores, cuya plantilla se ha visto ampliada en siete profesionales que conviven diariamente y ya son una pequeña familia, la posible llegada de la covid-19 obligó a reducir esa estrecha relación, más para los residentes con problemas cognitivos.

La directora de esta residencia, Beatriz González, cuenta a Efe que esta situación no es solo dura, tanto física como psicológicamente, para los residentes, sino también para los trabajadores que han visto como el centro en el que trabajan se ha llegado a convertir en un 'pseudohospital'.

A la entrada de la residencia, los trabajadores inician un largo proceso para acceder a su tarea diaria con un primer paso de toma de temperatura, seguido de un lavado de manos, el uso de mascarillas, la puesta de equipos de protección individual, guantes y pantallas con sus nombres.

El nombre en esas pantallas permite que sean reconocidos, porque todas las medidas adoptadas han convertido a la residencia en una unidad hospitalaria y, sin quererlo, los trabajadores “han perdido medio rostro” para expresar y conectar con una persona.

Se han convertido en “astronautas o apicultores”, en especial para las personas que tienen un deterioro cognitivo, ya que les hace “mucho más difícil” entenderlos y saber identificarlos y reconocerlos.

Esa distancia tenía que superarse y poco a poco, sin registrar muertes ni casos por este virus -que en este pequeño municipio cántabro se ha cobrado la vida de una persona y ha contado con 14 casos confirmados-, la residencia de Puente Viesgo ha superado cada posible contagio y ha formado una pequeña familia que hoy en día está más unida que antes.

“Esta situación tan excepcional ha hecho que se creen vínculos que a lo mejor antes era muy difícil conseguir, no solo con los residentes sino con los trabajadores también. Al final, dejas de lado todo para luchar por una misma causa”, asegura su directora.

Durante todo el estado de alarma, la residencia se había 'sectorizado', es decir, las líneas y marcas invadieron las tres plantas del edificio para indicar el camino que tienen que recorrer las personas de cada sector y no “mezclarse”.

La residencia contaba con franjas horarias, los residentes eran atendidos siempre por las mismas personas y se creó un área de aislamiento, con capacidad para 13 personas, para que en el caso de que existiese un brote, que una persona tuviera síntomas o se produjera un positivo, siempre hubiera una atención en esa zona por personal especializado.

Tras tres largas semanas de confinamiento habitacional de los residentes, el centro comenzó su propio proceso de desescalada en el que mantuvo y mantiene esa sectorización, primero con pequeñas salidas a zonas comunes, como el jardín también dividido para que cada sector ocupe solo un espacio, y ahora con actividades adaptadas donde pueden relacionarse “por fin” con otras personas y hacer comidas, con mesas individuales, en los salones comunes.

La historia de superación de esta residencia no empezó en marzo como el resto de España, sino en el mes de febrero, cuando el centro, perteneciente al grupo Colisee, comenzó a informar a sus empleados de la existencia de esta pandemia, su evolución y la preocupación que había.

Desde ese momento se aplicaron medidas como el control de la temperatura, el uso de mascarillas y gel hidroalcohólico, así como la distancia social de dos metros entre personas.

“Hablamos de protocolos y caemos en el riesgo de olvidarnos de que detrás de todas esas medidas entendibles existen personas, familias y unos residentes que, al igual que el resto de la sociedad, han visto restringida su vida en muchísimas libertades y mucho más en este tipo de centros”, asegura Beatriz Gónzález.

Poco a poco los residentes de este centro de Puente Viesgo van viendo aliviadas estas duras medidas y han recibido la noticia más importante para ellos: en la segunda quincena del mes de junio comenzarán las visitas de sus familiares, en una franja horaria de tres horas por la mañana y dos por la tarde, con una duración de entre 30 y 40 minutos, con cita previa y con todas las medidas de seguridad necesarias.

 
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