25-05-2020 / 22:20 h EFE

La Misión de Apoyo de Naciones Unidas en Libia (UNSMIL) expresó hoy su condena y su preocupación por la presunta colocación de minas antipersona en edificios e instalaciones civiles en el sur de Trípoli, que ha sido denunciada por el Gobierno de Acuerdo Nacional sostenido por la ONU en la capital libiai (GNA) desde el fallido proceso de paz de 2016.

En un comunicado, la UNSMIL condenó esta práctica, atribuida a las fuerzas bajo el mando del mariscal Jalifa Hafter, tutor del Ejecutivo no reconocido en el este de Libia y hombre fuerte del país.

Las fuerzas de Hafter, que mantienen el cerco a la capital libia desde hace 14 meses, comenzaron la semana pasada a retirarse de zonas que ocupaban en el cinturón sur de la ciudad ante el empuje de las milicias del GNA, apoyadas por soldados turcos y mercenarios sirios reclutados por Ankara entre los grupos de oposición al presidente de Siria, Bachar al Asad.

Según la operación "Volcán de la Ira", que aúna a las milicias bajo el mando del GNA y de la ciudad-estado de Misrata, las fuerzas de Hafter (LNA) han sembrado de minas las zonas abandonadas.

"La UNSMIL está extremadamente preocupada por las informaciones que aseguran que residentes en las áreas de Ain Zara y Salah ed din han muerto o resultado heridos por la acción de dispositivos explosivos improvisados ??colocados en o cerca de sus hogares. Esta grotesca transformación y deterioro del conflicto, ocurrida mientras las familias buscaban la seguridad de sus hogares durante la fiesta del Eid, demuestra que el objetivo deliberado son los civiles inocentes", denunció.

"La UNSMIL condena enérgicamente estos actos, que no tienen ningún objetivo militar, causan un miedo extremo entre la población y violan los derechos de los civiles inocentes que deben ser protegidos por el derecho internacional humanitario", agregó.

Libia es un estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que en 2011 la OTAN contribuyera militarmente a la victoria de los diversos grupos rebeldes sobre la dictadura de Muamar al Gadafi.

Desde que en abril de 2019 Hafter pusiera cerco a la capital para arrebatársela al GNA, -impuesto tres años antes por la ONU tras su fallido plan de paz- el enfrentamiento fratricida se ha tornado en un conflicto multinacional privatizado sin Ejércitos, librado por milicias locales y mercenarios extranjeros contratado por ambas partes.

Mientras el GNA tiene el apoyo de Turquía, Italia y Catar, Hafter recibe el respaldo de de mercenarios rusos, sudaneses, chadianos y sirios, además de la ayuda económica y militar de Jordania, Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Rusia y Francia.

 
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