22-05-2020 / 18:22 h EFE

Con dos discos más en el horizonte -uno con su banda Madee y otro, una creación de confinamiento-, Ramón Rodríguez ha lanzado este viernes "Coplas del andar torcido", un trabajo íntimo y reflexivo, a la vez que experimental, bajo su pseudónimo The New Raemon.

"Cuando has sacado muchos discos, lo que haces no deja de ser una repetición para llegar a una nueva profundización", reflexiona Rodríguez (Cabrils, Barcelona, 1976) en una entrevista con EFE, ante la salida de su séptimo disco en solitario en un momento en el que reconoce que disfruta "mucho más que hace años".

Antes de publicar su último álbum, "Una canción de cuna entre tempestades" (2018), el músico catalán ya había comenzado a escribir algunas canciones de "Coplas del andar torcido". Cuando temió que pudiera sonar "demasiado continuista", pidió ayuda a David Cordero (Úrsula, Viento Smith) y, con él, creó un "sistema de trabajo muy divertido".

"Está en un momento en el que apenas toca instrumentos; crea música con sonidos que le envían", explica Rodríguez de su colaboración con el músico gaditano. A partir de los sonidos "más tradicionales" que Rodríguez enviaba, Cordero le devolvía "paisajes" nuevos. "Me ponía en sitios desconocidos para mí, y creo que ha sido muy bueno para el disco", relata.

Tan desconocidos como la especie de reguetón oriental que invade "Días de rachas grises" o las repeticiones constantes en "Ruido de explosiones".

De los once temas que conforman el álbum, Rodríguez destaca "El árbol de la vida", un canto íntimo de seis minutos: "Es un tipo de canción que me gusta mucho hacer, pero no siempre me sale. A lo mejor cada cinco años me sale algo así, más largo, más reflexivo, con una misma idea", cuenta.

El resultado de su colaboración es un sonido "mucho más cinematográfico, con más aire, más ambiental, en el que todo está muy integrado"; también la voz, con un marcado efecto 'reverb' que le concede "espacio", como si "fuera un fantasma el que está cantando".

A pesar de ese punto experimental, "tú tienes tu propio lenguaje y es inevitable que suenes a ti mismo", opina de un disco grabado con sus músicos habituales: Salvador D'Horta a la batería y Javi Vega al bajo, y al que se asoman los coros de Anni B. Sweet y el violonchelo de Antonio Fernández Escobar.

El inicio de "Todo será sombra", sexto tema del álbum, bien podría pasar por una banda sonora por los toques épicos del chelo, aunque la letra esconde "un poco de humor negro" sobre los caminos recorridos por él y por algunos compañeros de profesión.

"¿Qué coño hago aquí a estas horas?", bromea Rodríguez, es una pregunta que se ha hecho periódicamente, en algún que otro "teatro maloliente donde aplaude poca gente", como reza la letra de la canción, y también en festivales, en los que es "muy complicado programar a cada proyecto en un horario acorde a la propuesta".

El músico catalán prefiere tocar para su público y "hacer un concierto para ellos". Es en ese tipo de formato en el que siente "más libertad" y en el que quiere seguir, con propuestas como "Quema la memoria", junto a la ilustradora y escritora Paula Bonet. "Eso no quiere decir que no me interese que me llamen (los festivales)", ríe.

"Ahora disfruto mucho más que hace años. Lo que más me gusta es hacer los discos y me lo paso muy bien con las personas con las que los hago. Compartir todo ese proceso es lo más bonito", afirma. No en vano, durante el confinamiento ha acabado dos proyectos más, uno que tenía en marcha y otro que partía de cero.

Desde que sacara "L'Antarctica" en 2007, Madee, su banda de toda la vida, no había vuelto a publicar álbum. Ahora, "a distancia", los seis músicos barceloneses han terminado un disco que se espera para comienzos de 2021, sin una fecha determinada. "Después de trece años, a la gente le va a dar igual", opina Rodríguez entre risas.

Culminar el disco con Madee hizo que le picara el gusanillo de componer, además de darle cierta "paz y tranquilidad". "Llamé a David Cordero y le dije '¿estás muy liado?'", cuenta del inicio del proyecto, al que se sumó el percusionista Marc Clos y que ha dado como resultado un álbum "a seis manos" en apenas tres semanas.

Mientras él ha aprovechado el confinamiento para dar forma a todos estos proyectos, confía en que el mundo de la música se recupere pronto del varapalo. "Espero que podamos levantarlo y refundarlo. La gente ha tenido más tiempo para apagar el ruido y la velocidad que hay siempre", concluye.

 
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