13-05-2020 / 16:50 h EFE

Miles de voluntarios ayudan cada día a médicos y personal sanitario ruso a luchar contra el nuevo coronavirus, cuyo avance parece aún lejos de resquebrajarse en este país, el segundo en el mundo por número contagios de la COVID-19.

"Trabajaremos hasta que se logre vencer la epidemia", dijeron a Efe algunos de los voluntarios que cada día arriesgan su salud para ayudar a salvar vidas.

LA EPIDEMIA AÚN NO DA TREGUA

Según los últimos datos oficiales, en Rusia fueron confirmados 242.271 casos de la COVID-19, 10.028 más que el martes.

El epicentro de la infección continúa siendo la capital rusa, donde el número de los contagios asciende a 126.004, al sumar 4.073 nuevos casos en las últimas 24 horas, la cifra más baja de los últimos 12 días.

Más de la mitad de los infectados en el país - cerca de 140.000 personas - están aislados en sus casas y no requieren un ingreso, anunció este miércoles el ministro de Sanidad, Mijaíl Murashko.

Al mismo tiempo, en la última semana ha crecido en 20.000 personas el número de hospitalizaciones de posibles enfermos de la COVID-19, según las autoridades sanitarias.

LOS VOLUNTARIOS SE MOVILIZAN

Desde los inicios de la emergencia causada por el nuevo coronavirus en este país fue creado el proyecto "Todos Juntos", que agrupa a más de 109.000 voluntarios que ayudan desinteresadamente a personas en situación vulnerable, tanto en hospitales como en sus hogares, como es el caso de mayores de 65 años que tienen prohibido salir a la calle por la situación epidémica.

Miles de estos valientes optaron por prestar sus servicios en centros médicos donde tratan a pacientes con el nuevo coronavirus, centenares de ellos lo hacen en Moscú, pero también los hay que ayudan al personal sanitario en otras ciudades de este país, ya que la COVID-19 presenta casos en las 85 regiones de Rusia.

"SI ENFERMO, PARARÉ PARA VOLVER LUEGO"

"¿Si tengo miedo? Pues no, no lo tengo. No veo sentido en un miedo irracional. Lo que hay que hacer es tomar medidas de precaución", señaló a Efe por teléfono la productora moscovita Tasha Sokolova, que trabaja de voluntaria desde hace casi un mes en el Hospital 52 de Moscú.

Sokolova, de 29 años, se enfunda en un traje protector y se adentra prácticamente todos los días en la "zona roja" del hospital, donde tratan a enfermos con coronavirus.

"Tenemos medios de protección suficientes y el hospital en sí está bien equipado", asegura, al tiempo que sostiene que seguirá yendo a su nuevo trabajo "hasta que logremos vencer" la COVID-19.

La voluntaria, que proviene de una dinastía de médicos, dice ser muy consciente de que puede infectarse pese a todas las medidas de precaución que toma.

"Igual tengo que parar (mi labor) por un tiempo si enfermo, pero volveré sin falta", insiste.

En la unidad donde Sokolova trabaja de voluntaria hay 50 camas hospitalarias y cada día "alguien recibe el alta, y otro paciente ingresa", pero tras cada guardia la joven ve a alguien abandonar el hospital y ello da la esperanza de que la situación ha mejorado.

Esta voluntaria se congratula de que hasta ahora no haya tenido que aumentar el número de las camillas y desplegarlas, por ejemplo, en los corredores.

A la vez, indica que en su unidad hay muchos pacientes mayores de edad, y algunos, como fue el caso una mujer de 101 años, logran superar la infección sin pasar incluso por cuidados intensivos.

DE EMPRESARIO A VOLUNTARIO EN DOS HOSPITALES

Otro moscovita que decidió ayudar en hospitales con enfermos de coronavirus es el empresario Serguéi Nochovniy, que hace turnos tanto en el Hospital 52, como en el 40, conocido por ser el principal centro de lucha contra la COVID-19 en Rusia.

"Voy a trabajar hasta que vea que la situación se ha estabilizado y el sistema se las arregla sin mí. Espero tener una inmunidad suficiente para no abandonar las filas el mayor tiempo posible", dice a Efe.

Nochovniy, de 38 años, dice que no ha contado nada de su trabajo de voluntario a sus padres para no preocuparles.

A la vez, se muestra agradecido a un amigo suyo, que se ofreció a sumarse a la noble misión y ahora van juntos a hacer guardias.

El emprendedor ruso es optimista: cree que "en dos meses habrá una significativa mejora" en la lucha contra el coronavirus.

Pero mientras tanto, entre lo más difícil de su trabajo actual destaca tener que ver la impotencia de muchos enfermos de coronavirus cuando les ingresan en un hospital.

"Yo no soy médico, ni tengo algo que ver con la medicina, y lo que veo estos días es una experiencia muy potente para mí", concluye el voluntario, que también expresa su "enorme respeto" a los profesionales sanitarios por su "titánico trabajo" durante la pandemia.

 
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