04-05-2020 / 12:22 h EFE

El maestro de golfistas Patricio Garrido, segundo de la saga formada por sus hermanos Antonio y Germán y continuada por su sobrino Ignacio, ha muerto a consecuencia de un cáncer en Sevilla a los ochenta años, que dedicó casi en su totalidad a desplegar su magisterio a varios miles de aficionados que se acercaron a este deporte gracias al saber y paciencia de estos pioneros.

De una generación en la que los profesionales del golf se hacían casi clandestinamente, Patricio Garrido empezó, como sus hermanos, a aprender con palos inverosímiles y, según contó a EFE uno de sus alumnos más aventajados, Antonio Ybarra, con corchos de botellas que les servían de bolas.

Patricio Garrido, formado en los clubes madrileños de Campo y de Somosaguas, llega a Sevilla a mediados de los años sesenta del siglo pasado y, desde el club Pineda del que fue una institución y al que no dejó de ir hasta que se declaró el confinamiento por el coronavirus, inoculó el veneno a "varios miles" de golfistas.

Así lo recuerda Manuel Velasco 'Guerrita', discípulo y admirador suyo desde que con diecisiete años conoció a un golfista que, según dijo a EFE, estaba en esos años "entre los seis mejores de España" y que trasplantó a Andalucía "un golf nuevo que se trajo de Madrid".

Guerrita recordó, entre otras cosas, un golf en el que se formaron los Garrido y en el que, lejos de los grandes abiertos de hoy, destacaba la 'Gira del Norte', torneos que iban desde Galicia hasta San Sebastián y en los que destacó el maestro fallecido, ganador de torneos importantes de la época y que se quedó a las puertas de un campeonato de España en un play-off con el canario Francisco Abréu.

Con materiales y bolas con las que hoy no se concebiría jugar, "Patricio hacía virguerías, como las cosas que hacía con un 'hierro uno' que ya no existe" y con otros materiales que no tienen nada que ver con los que hay en la actualidad, con los que fueron grandes la generación de los Pepín Rivero, José María Cañizares, Manuel Piñero o Antonio Garrido.

Antonio Garrido fue campeón del Mundo en 1977 junto a Severiano Ballesteros, el mejor para el maestro fallecido, quien además de en Sevilla, ejerció su magisterio en El Puerto de Santa María (Cádiz), donde en un mes, según recuerda Guerrita, no tenía una hora libre en las más de doce o catorce que daba al día de clases.

Todos los que trataron a Patricio Garrido coinciden en destacar, además de su sabiduría, su inmensa capacidad del trabajo, la que galardonó la Real Federación Andaluza al concederle en 2003 la Medalla al Mérito en Golf 'en reconocimiento a su excelente trayectoria como docente'.

A Patricio Garrido, quien a sus ochenta años aún acompañaba a amigos suyos cuando salían, le han faltado pocas semanas, en las que se desarrolló su enfermedad de manera fulminante, para cumplir su sueño de morir en un campo de golf, como confesó en su día a Antonio Ybarra.

 
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