05-04-2020 / 11:40 h EFE

Ya son más de dos semanas de confinamiento en el domicilio para tratar de frenar la pandemia del coronavirus, un tiempo que en mucho casos puede pasar factura al estado de ánimo, por eso hay iniciativas solidarias para atender psicológicamente por vía telemática a quien lo necesita.

Olga del Mazo es una de las psicólogas, junto al resto de profesionales de su centro de psicología en Madrid, que facilita este servicio de atención psicológica de urgencias, es su forma de contribuir a hacer más llevadera esta situación.

"Es lo que nosotros tenemos para poder ofrecer al resto de la sociedad, es a lo que nos dedicamos profesionalmente y en lo que somos expertas y nos parece que puede ser necesario para muchísimas personas porque todos nos vamos sentir en algún momento mal con esta situación", explica a Efe la psicóloga.

Esta iniciativa está dirigida a aquellas personas que "se sienten desbordadas" por todo lo que está ocurriendo por el coronavirus. Se trata de consultas gratuitas de unos 25 minutos para ofrecer apoyo psicológico, "no terapia", especifica del Mazo.

El objetivo es ayudar a que la persona pueda "regularse a nivel emocional", a que recupere "una cierta calma" y si es necesario el equipo de psicólogas da una serie de recomendaciones sobre cómo manejar esta situación de la mejor manera posible.

"La atención psicológica de urgencia está dirigida a buscar la regulación emocional en el momento, a estabilizar. Como si fuéramos a urgencias, porque tenemos una herida que nos esta sangrando", explica la experta.

La atención se hace a través de videollamada aunque si no hay posibilidad, basta con la conversación telefónica.

No siempre se es consciente de que se necesita ayuda, indica Del Mazo, que aporta algunas señas de alarma que hay que tener en cuenta y que indican que algo no va bien.

No poder dormir nada o prácticamente nada durante varios días, sentirse desbordado a nivel emocional, no poder manejar las emociones, llorar sin control, imposibilidad de manejar la rabia o tener una serie "fantasías catastrofistas en bucle", son algunas de esas señales.

No obstante, precisa Del Mazo, cierto nivel de preocupación "es sano" porque hay una parte en lo que estamos viviendo de incertidumbre "a la que a todos nos tiene con algo de miedo".

¿Y a quién puede afectar más el confinamiento? pues Del Mazo apunta hacia aquellas personas que tienen más "estrecha" la "ventana de tolerancia", que es la cantidad de situaciones que se pueden manejar a nivel emocional sin desbordarse.

Se trata de las que viven habitualmente con alto nivel de ansiedad, de aquellas que han vivido trastornos traumáticos o de la personalidad o de depresión, es decir, que tienen cierta patología y se desbordan antes ante una situación que es difícil de gestionar:

"Su vaso se llena antes".

En cambio, las que son más estables van a poder manejar mejor esas emociones, "las van a sentir, por supuesto, no es que las vayan a suprimir, pero van a poder procesarlas".

Del confinamiento también se pueden sacar cosas positivas, destaca Del Mazo, y es que la persona, si vive sola, va a estar más en contacto consigo misma con lo que pueden surgir situaciones como, por ejemplo, la creatividad.

En el caso de vivir en pareja, con los hijos o con los padres son momentos en los que se van a compartir mas conversaciones, más tiempo y más afecto.

Del Mazo aconseja vivir el momento presente, el aquí, el ahora porque si se mira a lo que queda por delante va a entrar en juego la incertidumbre. También es preferible llevar una rutina, mantener unos horarios y realizar una actividad física, la que pueda cada uno.

Y buscar otras vías de comunicación con la familia y amigos con los que no se convive es otra de las recomendaciones para afrontar el confinamiento.

Del Mazo comenta que justo hace unos días una de sus pacientes le contó que su padre vivió la Segunda Guerra Mundial y sufrió el bombardeo de su granja, en Francia. Él hacía una analogía con este "encierro", que concluía asegurando que entonces la situación era horrible pero al menos se podían abrazar y que lo más duro de la cuarentena es precisamente no tener contacto con los más queridos.

"Eso es lo más duro, no poder ser abrazado y no poder abrazar", concluye Del Mazo.

 
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