26-03-2020 / 18:40 h EFE

Marina y Román decidieron hace unos años buscar un nuevo futuro en otro país y dar una oportunidad a Celia, su niña de 3 años, que ahora vive desde su inocencia y lejos de donde nació otra crisis diferente a la que llevó a sus padres de Cantabria a Inglaterra.

En su casa, en la localidad inglesa de Devon, donde reside la familia, Román contempló como su hija se sentaba en el sofá y ponía su "propia mascarilla" al osito de peluche que siempre acompaña a la pequeña.

Este padre, fotoperiodista que ha trabajado en medios de comunicación españoles como la Agencia Efe o El Mundo, no pudo más que percibir en ese gesto una noticia: la esperanza que, desde su inocencia, tienen los niños para el futuro tras la pandemia del coronavirus.

En la "particular oficina" que, como ocurre en la mayoría de los países, se ha creado esta familia en el salón de su casa, la madre, Marina, trabaja desde hace unos días, mientras Celia va realizando la tarea que la profesora de su colegio le ha enviado para que su vida siga siendo como hasta ahora.

El único cambio es que ahora la niña tiene una nueva "tablet", porque esa herramienta le permite seguir, sin problemas, sus estudios.

No fue hasta el pasado domingo cuando el primer ministro inglés, Boris Johnson, decidió pedir a sus compatriotas que se confinen en casa para luchar contra el Covid-19.

La familia cántabra residente ahora en Inglaterra cree que esa decisión ha podido llegar "un poco tarde", pero es ahora cuando están viendo que todo se repite y que lo que su familia y amigos les contaban hace casi dos semanas que ocurría en España, está ahora produciéndose en el país en el que ahora viven.

Román, Marina y Celia intentan llevarlo "de la mejor forma posible", solo salen a la calle un par de veces a la semana para ir a la compra, y lo único que nunca se les olvida son los guantes, porque como ocurrió al inicio de la pandemia en España, también en Inglaterra escasean las mascarillas.

La relación con sus más allegados sigue siendo igual que antes del confinamiento, gracias a las nuevas tecnologías, aunque quizá en este momento estén más en contacto que en su día a día en su nuevo lugar de residencia.

Marina y Román optaron en 2016 por viajar a otro país para intentar buscar un empleo que, como periodista y fotógrafo, no encontraban en el suyo y, a la vez, dar un futuro a su pequeña hija.

Después de menos de cuatro años en Inglaterra, Celia maneja el inglés como el español y da una esperanza al objetivo de sus padres de emigrar para poder superar la crisis económica.

Ahora esa pequeña sigue dando luz a sus progenitores para hacer frente a la nueva crisis: el simple gesto de tapar a su osito de peluche la boca y la nariz para que el coronavirus no llegue a quien más quiere.

 
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