12-03-2020 / 11:40 h EFE

Haber tenido contacto directo con un positivo de coronavirus obliga a guardar una estricta cuarentena en casa que se extiende a todo el núcleo familiar, y si hay niños pequeños, se puede traducir en "angustia" por estar todos encerrados entre cuatro paredes.

Así viven esta situación una mujer vecina de Logroño, su marido y sus dos hijas de tres y seis años, además del perro, al que tienen confinado en la terraza para evitar todo contacto con el exterior hasta que les hagan la prueba y les entreguen los resultados de los análisis.

Esta mujer, que prefiere mantenerse en el anonimato, tuvo conocimiento este miércoles de que la semana pasada había tenido contacto "muy directo" con una persona enferma de COVID-19, por lo que "inmediatamente" llamó al teléfono habilitado por el Gobierno de La Rioja para consultar su caso.

Aunque no tenía ningún síntoma, los profesionales sanitarios le recomendaron que guardara cuarentena encerrada en una habitación de su casa y que extremase la limpieza e higiene de todas las superficies comunes que pudiera compartir con el resto de su familia.

Dentro de la convivencia de los días previos, esta mujer había tocado, abrazado y besado a los otros miembros de su familia, por lo que la cuarentena se amplió a su marido y a sus hijas.

Aún se encuentran esperando a que les hagan la prueba que diagnostica el coronavirus, una situación que podría alargase hasta el fin de semana, ya que ha explicado que a unos conocidos que se encuentran en su misma situación han tardado hasta cuatro días en que les hicieran esos análisis.

Los cuatro se encuentran asintomáticos, pero cuando la pequeña de tres años tose un poco por un catarro anterior, sus padres se echan a "temblar", ya que no pueden evitar ponerse un poco "catastrofistas".

Sin poder salir ni recibir visitas pasan las horas jugando con las niñas, aunque la casa les "pesa", acostumbradas a jugar al aire libre con sus amigos y realizar diversas actividades, por lo que estos días se requieren "dosis extra de paciencia", ha relatado.

Como tenían comida en casa, de momento no han necesitado recibir nuevos víveres, pero tienen amigos que se han ofrecido a dejarles los encargos en el descansillo de su piso.

Aún no han comunicado su situación a sus familias, ya que ambas viven fuera de La Rioja, porque no quieren "preocuparles" de manera innecesaria, y como se han suspendido las clases en el colegio y la guardería, no les parece extraño que se encuentren con las niñas en casa.

De momento, tendrán que seguir a la espera y mirar por la ventana con envidia el buen tiempo que hace estos días en Logroño.

 
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