06-03-2020 / 14:51 h EFE

Son jóvenes, cargan una mochila llena de historia pero tienen claro que quieren cambiar: así son las menores reclusas de Cataluña, un colectivo que apenas suma dieciséis chicas, feministas, empoderadas y que trabajan día a día para ganarse su libertad.

Todas ellas cumplen condena en el Centro Educativo Els Til·lers, en Mollet del Vallès, un equipamiento que hasta ahora sólo contaba con una unidad terapéutica para adolescentes con problemas de salud mental o drogodependencias y que desde el pasado noviembre acoge también a las menores trasladadas de Can Llupià (Barcelona).

"Estar aquí me ha cambiado la vida. Ahora sé que tengo el control y qué es lo que quiero". Con esta contundencia se expresa Latoktok, una joven decidida a "seguir estudiando" para convertirse algún día en enfermera o integradora social.

"En realidad, me gustaría ser cantante, pero siempre hay que tener un plan A y un plan B, así que voy a tirar por lo seguro", bromea a Efe antes de ponerse seria: "La verdad es que necesitaba este momento para pensar, relajarme y centrarme más en mí misma".

Asegura además que estar en el nuevo centro la ha ayudado a no sentirse "tan privada de libertad" porque al haber más espacio y aire libre, no se siente "tan agobiada".

Como Latoktok, Chiwy también perfila ya un futuro libre de barreras y estigmas y, aunque todavía le quedan algunos meses para poder salir, está decidida a continuar formándose, por lo que cursa ahora prácticas de hostelería.

"Me gustaría rehacer mi vida desde cero, con las cosas bien y pensando dos veces", confiesa con cierta timidez para después exclamar: "En diciembre tengo el día de mi libertad pero aún no veo el momento, no sé cómo me sentiré".

Muchas chicas gozan de regímenes flexibles y pueden salir a estudiar o incluso pasar el fin de semana en casa con sus familias, lo que les hace apreciar, dicen, la experiencia por la que atraviesan.

"Desde que estoy aquí dentro valoro mucho el esfuerzo que hace mi madre, mi padre y toda mi familia y me he dado cuenta de muchas cosas que antes no valoraba", confiesa Chiwy.

Y es que uno de los principales objetivos de este nuevo módulo, de marcado tono feminista, es dotar a las jóvenes de herramientas para que puedan tomar las riendas de sus vidas y ser capaces de poner fin a las relaciones abusivas que a menudo las rodean.

De hecho, según los datos que ha divulgado este viernes la consellera de Justicia, Ester Capella, durante una visita al centro, el 25 % de las menores reclusas han cometido los delitos "empujadas" por sus parejas en el marco de relaciones tóxicas y el 70 % ha sido víctima de maltrato infantil.

"Las chicas llegan muy vulnerables y muy influenciadas (...) pero con el tiempo son capaces de compartir historias o vivencias que jamás nunca habían contado a nadie", explica, por su parte, Meritxell, una de las educadoras sociales del centro.

Según la especialista, las jóvenes suelen ingresar "muy frágiles a nivel emocional" pero con un tutor que les hace un seguimiento individualizado y de diversas actividades, como el programa "El Empoderamiento de las Chicas", logran transformarse.

"Se trabaja de una manera grupal y se crea un círculo de confianza en el que hablamos, no sólo de que se tienen que querer y la autoestima, sino de la capacidad de ser asertivas. Lo que pasa y se dice se queda ahí, tenemos ese pacto", ha matizado.

En total, las dieciséis chicas de Els Til·lers suponen el 5 % de la población reclusa juvenil, un colectivo pequeño, mayoritariamente de nacionalidad española, que lucha día a día para labrarse un futuro mejor.

 
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