02-03-2020 / 13:30 h EFE

La diáspora afgana, que huyó con la llegada de los muyahidines al poder en 1992 y ha florecido en el exilio, quiere regresar a su país tras el histórico acuerdo con EEUU, pero sigue desconfiando de los talibanes y de su compromiso con la paz.

"Los talibanes también son afganos. No son los mismos de los años 90. Ellos también han evolucionado", aseguró a Efe Mohamed Gulal Jalal, director del Centro de la Diáspora Afgana de Moscú.

HUYENDO DE LOS MUYAHIDINES

Decenas de miles de afganos -funcionarios, soldados, profesores, periodistas- han emigrado y se han asentado en Rusia durante los últimos treinta años, ya que muchos de ellos habían estudiado en universidades de la URSS o apoyado la invasión soviética de Afganistán (1979-89).

"Tras la caída del Gobierno, estalló la guerra civil. Todos los que pudieron, se exiliaron. Muchos afganos vinieron a Rusia para salvar sus vidas. Vinieron desde ministros a generales. La flor y nata de la sociedad afgana", explica.

El mismo Gulal, licenciado en Derecho por la universidad de Leningrado, general del Ejército afgano y gobernador, sufrió un atentado cuando era jefe militar de la provincia de Kunar.

Concentrada en el antiguo hotel Sebastópolskaya, la diáspora afgana ha florecido en los negocios, comercios y mercados del sur de Moscú, adonde han seguido llegando ininterrumpidamente familias que huían de la violencia islamista.

"Los funcionarios nos convertimos en comerciantes y empresarios. No hay paro entre nosotros", asegura y estima en unos 100.000 la comunidad afgana en Rusia.

Es el caso de Farid, que trabaja como vendedor en Sebastópolskaya desde 1996.

"Vine a estudiar en 1987. Después de seis años volví a mi país para trabajar. Combatí tres años contra los muyahidines. Ellos ganaron y tuve que emigrar. Voy a Kabul cada dos o tres años. No debemos permitir que otros países dividan a los afganos. Da igual que seas pashtun, turkmeno o uzbeko. Todos somos afganos", señala.

DESCONFIANZA EN LOS TALIBANES

Los afganos nunca olvidaron su patria, pero no quieren volver "con las manos vacías".

"Queremos construir la paz. Deben darse las condiciones para regresar, no sólo para los afganos de Rusia, sino para todos. La situación en Afganistán está mucho peor de lo que esperábamos. El país necesita especialistas y todos están en el extranjero", destacó Gulal.

Cree que los talibanes merecen una oportunidad, ya que "hablan por primera vez de dejar de combatir".

"Todos estamos cansados de la guerra", asegura.

No todos comparten su optimismo. Mohamed Omar Nayar fue declarado "enemigo" por los muyahidines cuando trabajaba para la televisión central de Afganistán.

"Los talibanes son los mismos que los muyahidines. Cuando llegaron al poder comenzaron a matar a profesores y estudiantes a quemar escuelas", asevera.

En su opinión, la única forma de lograr la paz es que Estados Unidos firme la paz con Pakistán, país al que culpa de todos los males de Afganistán

"Fue Pakistán quien creó a los talibanes. Estos no tienen ninguna influencia. Todo depende de las grandes potencias, incluido Rusia e Irán", denuncia.

Mientras, el periodista Faruk Fardá, director del diario digital local "Naweed e Roz" cree que si los talibanes vuelven al poder se lo cederán al Estado Islámico.

"Si los talibanes gobiernan, la guerra no terminará nunca. Los talibanes y el gobierno todos cobran de la misma caja. Cada uno se pone lo que le ordenan. Unos llevan barba y otros se afeitan", explica.

PROCESO DE PAZ

Gulal reconoce que "los talibanes no van a convertirse en liberales de la noche a la mañana".

"Debemos persuadirles. Que no disparen, que no maten, que dialoguen, que participen en elecciones. Si siguen apostando por la violencia, no les votaremos", señala.

La diáspora considera que son los propios afganos los que tienen que frenar la guerra con sus propias manos.

"Mientras nosotros no hagamos nada, nadie nos podrá ayudar. Debemos ser económicamente independientes, pero eso sólo ocurrirá si llega la paz. ¿Cuántos años debemos implorar dinero a los occidentales? ¡Basta ya!", apuntó el jefe de la comunidad afgana moscovita.

De cara al futuro, admite que a los afganos "no les gusta la presencia militar extranjera", aunque él considera que la retirada de las tropas estadounidenses debe ser "gradual", de lo contrario teme que el país desemboque "en el caos".

"Hay un consenso sobre que la presencia de tropas extranjeras no favorece la paz. Deben abandonar el país. Necesitamos ayuda económica, no militar", insiste.

LOS TALIBANES Y LA MUJER

Llegó hace poco más de un año a Rusia. Es Tuvá Muzaví, una joven de Kabul que ha ingresado en la universidad en Moscú.

"Donde los talibanes no están, las mujeres pueden estudiar y trabajar, pero sólo si hay paz. En Afganistán no hay guerra todos los días, pero no sabes cuándo vendrán los terroristas", explicó.

Como "no hay ciudades seguras en Afganistán", decidió emigrar a Rusia para formarse, pero quiere regresar a Kabul en un futuro no muy lejano.

"En Rusia hay mejor educación, pero si las mujeres estudiamos y trabajamos, contribuiremos a la paz en Afganistán", asegura.

Muizhgan también nació en Kabul, donde trabajaba de profesora, pero como su marido tenía "problemas", la familia cogió casi todas sus pertenencias y se vinieron a Moscú. Su padre, "que ya es muy viejo", prefirió quedarse.

"Si hay paz, volveremos, pero no nos fiamos de los talibanes", señala.

Por su parte, Latifah está muy adaptada a la vida en Rusia. Su padre fue asesinado en 1987 cuando trabajaba en la embajada soviética en Kabul, se casó, vino a Moscú y nunca miró atrás.

HERIDAS DE LA GUERRA

En sus rostros se ven las ansias de aprender cirílico y olvidar el alfabeto de guerra. Son los niños refugiados que fueron evacuados de Afganistán con ayuda de la ONU.

Ahora estudian ruso en la escuela gratuita del Centro de la Diáspora Afgana. "Estos niños tienen una ganas de estudiar terribles. A algunos se les nota que están traumatizados por la guerra", asegura Anna, su profesora de ruso.

"Vinimos a Moscú porque la vida en Afganistán es muy peligrosa. Todo está destruido. Quiero aprender ruso y estudiar", señaló Barjat, una niña de 11 años.

A sus 15 años, Mahdí es un gran aficionado al boxeo. Nacido en Razní, huyó de la guerra hace un año, pero también tiene muy claro que no quiere volver a Afganistán.

La aula incluye a estudiantes de todas las edades, pero su ruso avanza a marchas forzadas. El cirílico no es nada comparable con el miedo a la guerra.

 
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