01-03-2020 / 11:31 h EFE

El Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (IMIDA) ha anunciado este domingo que incorporará generadores de calor en las instalaciones ubicadas en la estación de acuicultura marina de San Pedro del Pinatar, que albergan a la tortuga boba, para controlar la temperatura del agua.

El objeto de esta iniciativa es que, en el caso de producirse un descenso de la temperatura del agua, esta no llegue a situarse por debajo de un mínimo requerido. El umbral será establecido por el personal responsable del mantenimiento biológico de esta especie, informa la Consejería de Medio Ambiente.

La citada estación alberga parte de los ejemplares nacidos el pasado verano en la playa de Cala Arturo, en el Parque Regional de Calblanque y de los 66 huevos que depositó una tortuga boba en la arena, nacieron finalmente 21 criaturas, de las cuales 11 se encuentran en las mencionadas instalaciones del IMIDA.

El resto de tortugas fueron trasladadas al Centro Oceanográfico de Valencia para seguir el programa de crecimiento e introducción 'head starting', establecido como estrategia general para la gestión de los episodios de nidificación en las costas españolas.

Durante un año, aproximadamente, las pequeñas tortugas serán alimentadas en el ARCA del Mar de Valencia, donde se estudiará la evolución y comportamiento de esta especie que se encuentra amenazada, ahora también por la basura marina, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

La cría y desarrollo de las tortugas permite que alcancen una mayor envergadura y fortaleza, lo que les otorga más y mejores defensas frente a sus depredadores.

Así, se ha comprobado que de los diez quelonios que fueron enviados al mar en noviembre de 2017, después de un año en el ARCA del Mar, logró sobrevivir el 90 por ciento, lo cual supone un éxito para la conservación de la especie, dado que se estima que en condiciones naturales solo sobrevive una tortuga de cada mil que nacen.

Respecto a los ejemplares que se encuentran en las instalaciones del IMIDA, se realiza un control diario de su alimentación, aportando dos tomas al día de una papilla que cubre todas sus necesidades nutricionales.

También de forma diaria, se lleva a cabo un control de temperaturas (ambiental y del agua), así como de las condiciones generales de mantenimiento.

Con periodicidad semanal, se pesa cada animal de forma individual, con el objetivo de mantener un estricto control sobre la ganancia de cada ejemplar y su estado de forma. Nueve de los ejemplares superan ya los 300 gramos de peso, quedando dos de ellos algo por debajo de esa cifra.

Mensualmente se realiza una toma de datos biométricos, que contribuyen a mantener el control sobre el desarrollo de estos 11 ejemplares.

La finalidad es que todos consigan ser devueltos al medio natural en las mejores condiciones, con una tasa de supervivencia muy superior a la que se da de forma natural entre los individuos de cualquier puesta de esta especie.

 
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