09-02-2020 / 13:21 h EFE

"El falso techo nos cayó encima, quedamos atrapados, algunos compañeros llegaron a perder los equipos de protección respiratoria... yo orienté a varios para que salieran pero uno se desmayó y le arrastré, temiéndome lo peor", recuerda Ricardo Jiménez sobre su intervención en el incendio del Windsor.

Este oficial de bomberos del Ayuntamiento de Madrid relata así a Efe el momento de mayor peligro que vivió el 12 de febrero de 2005, cuando el rascacielos Windsor se consumió en llamas y él formó parte del "primer tren de ataque" al fuego.

El próximo miércoles se cumplirán quince años del devastador incendio, pero Ricardo Jiménez Paz conserva "muchos recuerdos y muchas imágenes" de aquel día. El primero es llegar a la Castellana y ver que las llamas ya salían por la fachada de una planta alta, lo que le hizo sospechar lo peor.

"El Windsor era un hito en Madrid, habías oído hablar de él en la carrera, y sabes que es un edificio en altura, algo que da mucho respeto a los bomberos, y que puede tener complicaciones en la intervención. Y así fue: nos fallaron dos elementos claves, que son la compartimentación que evita que se propaguen las llamas y el apoyo de las instalaciones del edificio", recuerda.

Así, al llegar, vieron que el fuego estaba muy desarrollado en la planta 21, rompiendo por la fachada, y que no funcionaba bien lo que se denomina "columna seca", que es una tubería por la que los bomberos pueden hacer llegar el agua a cualquier planta.

Ricardo subió en poco tiempo a la planta 21 en un "primer tren de ataque" y la encontró "totalmente inundada de gases de incendio, con visibilidad nula, las llamaradas que se intuían por el falso techo y el crepitar del fuego", a pesar de lo cual entraron para reconocer esa zona.

En ese momento se cayó una parte del falso techo y atrapó a cinco compañeros, a los que oyó gritar. Dedujo, por lo claro de sus voces, que algunos no tenían puestos los equipos de protección para respirar y no dudó en ir hacia ellos para ayudarles, indicándoles por dónde debían salir.

"Uno de los compañeros, sin mascarilla, perdió el conocimiento y le saqué de la planta a rastras, temiéndome lo peor, hasta que otros compañeros tiraron de él y lo bajaron para que le atendiera el Samur", rememora.

Durante un tiempo estuvieron "atrapados" unos seis compañeros en la planta 21, dos en la planta 22 y tres en los ascensores, a pesar de lo cual los bomberos "se reorganizaron y volvieron a intentar atacar el fuego", que tenía "una propagación rapidísima" por la estructura del edificio, que era de 1973, tres años antes de la normativa municipal contra incendios.

Sobre la una de la madrugada un estruendo alertó de que algo iba mal: colapsaron cinco plantas de la parte superior del edificio.

"Ahí sonó el canal 10, que yo solo he escuchado esa vez y que implica que todas las emisoras se anulan para recibir una única comunicación: era la orden de evacuar", relata, haciendo hincapié en que "es una orden difícil pero las llamas lo estaban arrasando todo y ya solo estaba en juego la vida de los bomberos que estaban dentro", unos veinte.

Salieron fuera y continuaron trabajando durante horas para impedir la propagación "sorprendente" del fuego, que ya amenazaba a una parte del antiguo Corte Inglés que había junto al rascacielos.

Más de 200 bomberos de diferentes parques trabajaron esa noche en el Windsor. Y diferentes equipos siguieron trabajando hasta el día 16.

Aquel coloso en llamas dejó lecciones: además de los avances tecnológicos en los equipos, los bomberos desarrollaron un procedimiento de intervención y también un plan específico para intervenir en edificios en altura.

En estos años la ley ha cambiado en lo referido a la protección contra el fuego en los edificios y en Madrid el referente actual son las Cuatro Torres, subraya el oficial.

Así, al contrario de lo que ocurrió cuando llegó al Windsor, si ahora tuviese que acudir a estos modernos rascacielos ya los conoce bien porque los bomberos los han visitado varias veces, tienen documentación sobre sus particularidades y el personal del edificio está formado y sabría recibirles con equipos de apoyo.

No obstante, tanto él como otros compañeros que intervinieron en 2005 en el incendio, tienen algo muy claro: "Si ocurriese otro incendio como aquel, con un gran desarrollo, en un edificio en altura con falta de compartimentación y sin adecuadas instalaciones contra incendios, el resultado sería similar".

 
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