03-02-2020 / 14:31 h EFE

La cigüeña blanca de España y Europa ha reducido notablemente sus movimientos migratorios en las últimas décadas como consecuencia del cambio global promovido por el hombre y la proliferación de vertederos en España, que hace que estas aves ya no necesiten pasar los inviernos en el centro de África.

Así se desprende del informe ‘Migración y ecología espacial de la cigüeña blanca en España’ de SEO/Bird Life, que recoge los datos del proyecto nacido en 2011, cuando se marcaron con GPS un total de 79 cigüeñas.

“Que la cigüeña no volvía por San Blas ya se intuía, porque apenas se marcha en los meses de invierno”, ha explicado este lunes, día de San Blas, la coordinadora del programa Migra, Ana Bermejo, quien ha señalado que la proliferación de vertederos y arrozales están facilitando que estas aves puedan permanecer en España.

Porque no era el frío, sino la falta de alimento propia del invierno la que empujaba a estos animales a migrar hacia África cuando bajaban las temperaturas, incide la investigadora.

Pero la creciente aparición en España de grandes vertederos de residuos sólidos y urbanos, junto a otros hábitats creados por el hombre, como los arrozales, han restado vigencia al famoso refrán que hacía referencia a los movimientos de las cigüeñas.

Al menos a los viajes de las adultas, que han aprendido a usar esos recursos alimenticios; mientras que las jóvenes, que todavía no saben dónde encontrarán nutrientes, tienden a emigrar a África, “porque genéticamente tienen determinado” ese movimiento migratorio de larga distancia, que le lleva al Sahel, más allá del desierto.

También las cigüeñas centroeuropeas han copiado este comportamiento y, en lugar de realizar una migración de miles de kilómetros, se quedan en el norte de España, “reduciendo a la mitad su viaje y aprovechando los hábitats nuevos”, añade Bermejo.

Todo ello se deduce de los datos obtenidos con unos pequeños GPS, de apenas 40 gramos, que se les ha colocado a 79 cigüeñas (24 adultos y 45 pollos) y han permitido recabar tres millones de localizaciones entre 2012 y 2018.

Ello se ha acompañado con los datos que había de las más de 60.000 aves anilladas con procesos menos modernos desde hace cerca de un siglo, así como el seguimiento de las aves que atraviesan el estrecho de Gibraltar.

El estudio sostiene, además, que el comportamiento depende de la edad de las cigüeñas y su origen: la población joven española llega en su totalidad al Sahel, mientras que la centroeuropea se queda en un 51 por ciento en España, el 34 por ciento en Gibraltar y el 15 por ciento llega a África.

En los adultos el comportamiento es distinto, y mientras la población centroeuropea se queda en España y norte de África, sin llegar a adentrarse en el continente africano, en la española el 21 por ciento sí emprende ese viaje más largo.

Además, los GPS han permitido saber que, durante el invierno, la principal zona de invernada es el sureste de España, con todo el área de arrozales y vertederos asociadas a Cádiz, Sevilla y Huelva; mientas que en la época de reproducción se reparte por toda España.

Rivas es el municipio madrileño donde reside el mayor número de parejas reproductoras de la Comunidad de Madrid, con unos 106 (a lo que hay que sumar las 700 de todo el parque del Sureste) y unas 5.000 cigüeñas, según el momento, de población invernante.

En la Comunidad de Madrid, las siguientes localidades con más presencia de cigüeña blanca son Colmenar Viejo y Alcalá de Henares. Su denominador común es la presencia de vertederos y humedales de los ríos, ha señalado Juan Carlos del Moral, de SEO/Bird Life.

Sobre la alimentación de las cigüeñas en los vertederos, los expertos advierten de que conlleva ciertos peligros para los animales que, además de nutrientes, ingieren plásticos y residuos que les provocan heridas e incluso pueden llevarlas a morir.

También el uso de esos residuos para la construcción de los nidos acarrea peligros para los pollos.

El proyecto cuenta con el impulso de la Fundación Iberdrola España, cuyo presidente, Fernando García, sostiene que los estudios sobre las pautas de migración de las aves “ayudan a deducir” cómo la conducta humana o el cambio climático puede afectar a las migraciones, para poder actuar en consecuencia.

 
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