22-01-2020 / 21:50 h EFE

En Nicaragua las protestas antigubernamentales están prohibidas, pero cuando los disidentes logran expresarse, hay una voz que sobresale, no importa bulla, parlantes o sirenas policiales, las consignas a gritos de "La Taylor" lo superan todo, en honor de las víctimas de la crisis.

"¡Libertad para los presos políticos!", "¡Eran estudiantes, no eran delincuentes!", "!Viva Nicaragua libre!", son algunas de las consignas que grita "La Taylor", con su voz estridente, que parece bañarlo todo, calles, edificios, plazas, hasta salpicar a través de pantallas de televisores o teléfonos celulares.

Contrario a lo que parece, la joven docente especializada en Lengua y Literatura, Giselle Ortega Cerón, "La Taylor", no se considera una persona que arregle las cosas a gritos, pero alza su voz desde abril de 2018, cuando inició el estallido popular contra el presidente Daniel Ortega.

Ortega Cerón tomó la decisión al ver que un grupo de sandinistas agredió a manifestantes ancianos, y luego de que el Gobierno realizó ataques armados contra opositores que hasta hoy han dejado entre 328 y 684 muertos.

Sus gritos son tan característicos de las protestas antigubernamentales, que los líderes opositores a veces recurren a ella para ser escuchados.

"LA VOZ DE ABRIL"

"Hay gente que me dice 'La voz de abril', 'parlante andante', para algunos suena grosero, pero es la manera en que me conocen", dice a Efe Ortega Cerón, de 33 años, con una humildad que contrasta con la potencia de sus gritos cuando expresa "¡Democracia sí, dictadura no!" o "¡Pueblo, únete!".

Por sus consignas, ha sufrido pérdida de empleo, discriminación, amenazas y asedio, nada que intimide a una mujer que perdió a su madre cuando tenía tres años, y que creció en un internado de niños huérfanos al que la llevó su papá.

Su amor por el teatro, su éxito artístico en el internado, y su segundo nombre, le merecieron el apodo de "La Taylor", por su tocaya Elizabeth, la famosa actriz británica estadounidense.

A esta docente no la definen sus gritos, sino su indignación ante el poder.

"Ortega, con apariencias, sostenía que tenía un país feliz, feliz porque nadie alzaba la voz", señala.

Afirma que en 2013 funcionarios del Gobierno la obligaron a falsificar datos del programa de educación de adultos "Yo sí puedo", uno de los más emblemáticos.

"LA EDUCACIÓN ES UN FRAUDE"

"En Nicaragua la educación, aunque la quieran pintar de color de rosas, no ha sido más que un fraude. Estamos ante una educación pobre, en la que se carece de calidad, una reverencia (hacia el presidente) vale más que las preparaciones profesionales", sostiene.

Para la docente "no es casual" que los sandinistas tengan fama de poco educados, pues afirma que su crecimiento depende del "servilismo".

Relata que su decisión de anteponer el profesionalismo sobre el servilismo la llevó al desempleo, ya que trabajaba para un centro de dueños sandinistas, quienes, sostiene, la despidieron y la amenazaron de muerte.

Según Ortega Cerón, sus gritos son "por los presos políticos sobre todo, porque son gente que por gritar, por levantar un ladrillo o la bandera (de Nicaragua), está presa, por los asesinados, sobre todo por esas madres que sufren la muerte y el encierro de todos sus hijos".

Dice haber sido marcada por la muerte del veterano de guerra estadounidense nacido en Nicaragua Eddy Montes, de quien fue vecina de cárcel, y quien recibió un disparo del arma de un carcelero en mayo de 2019.

SU FAMILIA

Sin hijos, su familia son decenas de niños huérfanos a los que sirve y lleva su arte de forma gratuita, para que sean felices al menos uno de los 12 meses el año.

Les llama "hermanos", y lamenta su ausencia de dos años debido a la crisis, ya que su casa suele ser vigilada por vecinos sandinistas o policías.

"Tengo seis meses o cinco meses de ser asediada, si yo quiero salir me dicen que no puedo, que no tengo el derecho de salir de mi propia casa, que si salgo me echan presa", sostiene.

Y cuando logra salir, su voz es seguida por los opositores, a quienes la esposa de Ortega, la vicepresidenta Rosario Murillo, ha exigido que "dejen de joder", una frase considerada vulgar en Nicaragua.

"Seguiremos jodiendo, porque si no seguimos jodiendo, Ortega y la Chayo (Murillo) no se van a ir", responde la manifestante, no sin antes disculparse con su pudor de maestra.

 
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