23-12-2019 / 20:30 h EFE

La Comisión Europea (CE) celebró que el Parlamento de Bosnia-Herzegovina haya aprobado este lunes la composición del Consejo de Ministros, transcurridos 14 meses desde las elecciones generales, y señaló que un nuevo Gobierno permitirá al país seguir avanzando hacia la Unión Europea.

"Tras un año en punto muerto, esto abre el camino para un compromiso renovado de los partidos políticos para permitir el progreso del país en la senda de la UE", señalaron en un comunicado el alto representante para la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, y el comisario europeo de Vecindad y Ampliación, Olivér Várhelyi.

Bruselas agregó que "las relaciones entre la UE y Bosnia-Herzegovina se encuentran en un momento decisivo tras la aprobación del dictamen de la Comisión y sus 14 prioridades en las áreas del Estado de Derecho, derechos fundamentales y reforma de la administración pública.

El Ejecutivo comunitario llamó al nuevo Gobierno a "implementar un paquete de reformas socio-económicas para el beneficio del país y sus ciudadanos" y señaló que la UE está "preparada para apoyar y acompañar plenamente a Bosnia-Herzegovina, sus instituciones y a todos ciudadanos para avanzar por el camino de la integración europea".

El Gobierno de Bosnia-Herzegovina, un Estado de complicada estructura institucional, dividido en dos entes autónomos -el serbio y el común de musulmanes y croatas- está compuesto por nueve ministros, tres por cada pueblo.

El nombramiento del primer ministro y de su Gobierno se retrasaba por el desacuerdo entre los líderes de las comunidades musulmana, serbia y croata sobre la forma de cooperar con la OTAN.

Finalmente, el Ejecutivo del economista Zoran Tegeltija, de la serbobosnia nacionalista Unión de los Socialdemócratas Independientes (SNSD), obtuvo el respaldo de 29 de 42 diputados del Parlamento.

Las tres comunidades bosnias coinciden en su apoyo al eventual ingreso del país en la UE, pero mientras los musulmanes y croatas quieren también adherirse a la OTAN, los serbobosnios defienden una política de neutralidad militar.

Los constantes desacuerdos internos en el pequeño Estado, de 4 millones de habitantes, y la fragilidad de las instituciones centrales ralentizan las reformas en Bosnia, el país que sufrió la más sangrienta de las guerras de descomposición de la antigua Yugoslavia en la década de 1990.

 
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