19-11-2019 / 21:09 h EFE

Al sonido del silbato y con la pipa de agua enredada entre las manos, cientos de libaneses detienen las protestas para apoyar a su selección, que juega en la capital contra Corea del Norte, pero sin espectadores en las gradas, para dar un paso más hacia la clasificación del Mundial de Catar 2022.

Suena el himno nacional mientras se enciende una pantalla gigante que corona la Plaza de los Mártires, en el centro de Beirut, un lugar que ha acostumbrado a acoger el ambiente festivo y el movimiento pacífico que grita contra la corrupción de su Gobierno desde el pasado 17 de octubre.

Esta misma mañana, a 20 metros de la pantalla, cientos de personas han impedido a los diputados entrar al Parlamento para celebrar una sesión a puerta cerrada, lo que ha forzado a su suspensión, una victoria para los manifestantes.

También a puerta cerrada pero en un estadio en Beirut por "cuestiones de seguridad", según dijo la Confederación Asiática de Fútbol, se juega uno de los partidos que podría poner al Líbano en lo alto de la tabla para pasar a la siguiente ronda de clasificación para el Mundial que se jugará en Catar en 2022.

"Como no hay nadie en el estadio, estamos aquí para apoyar a nuestro equipo", dice sonriendo a Efe Ibrahim, mientras se queda de pie junto a la pantalla pendiente de cada jugada.

Una primera parte sin mucha expectación, que no ha movido a los asistentes de su sitio a orillas del mar Mediterráneo.

Un poco apartadas están Christy Assaf y Marie Sebaaly, libanesas de 20 años, que aseguran a Efe que es una escena "bonita porque todos están unidos".

"Ya no solo en las protestas, sino también venimos a juntarnos para ver el partido de nuestro equipo", asevera Assaf, que porta la bandera de su país a modo de capa.

La bandera libanesa es la única que se ha visto en las mayores protestas en el país desde 2005, cuando tuvo lugar la llamada "Revolución del Cedro", que acabó expulsando a las tropas sirias que ocupaban las calles del Líbano.

Ahora, las manifestaciones se realizan principalmente en contra de la corrupción del Gobierno que ha llevado al país al colapso económico.

A pocos minutos del final de la primera parte, un hombre coge un megáfono e interrumpe el sonido de los comentaristas.

"Hemos pagado 300.000 libras (libanesas). Si alguien quiere poner 5.000, estaremos cerca de la pantalla. De no ser así, lo pagaremos nosotros con nuestro dinero", dice un joven mientras el público responde con aplausos.

A la luz de las simbólicas Mezquita Azul y Catedral de San Jorge, libaneses de todas las edades toman un tentempié y agotan sus últimos carbones de la pipa de agua sentados en sillas que dejan en la plaza, donde alguna gente acampa desde el primer día, para ver si su selección da un paso más para clasificarse.

Encasillados en el grupo H y actualmente en la séptima posición, si el Líbano se coloca entre los 12 equipos clasificados pasará a la tercera ronda que se jugará el año que viene, aunque antes le toca enfrentarse de nuevo contra las mismas selecciones del grupo.

Actualmente, de los países asiáticos, solo Catar, el anfitrión, está ya clasificado "Esta puede ser una victoria más", subraya Ibrahim.

 
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