02-11-2019 / 10:19 h EFE

Hace hoy dos años Carles Mundó enfiló el camino a prisión por un mes. Por medio un juicio y una sentencia que tacha de "dura y cruel" y que en su opinión arroja dos lecturas a la vista de la reacción en Cataluña: Torra no genera los consensos suficientes como interlocutor y la violencia es una vía perdedora.

El exconseller tiene palabras gruesas contra "unas penas que son muy altas y muy desproporcionadas", aunque en su caso se limita a 20 meses de inhabilitación y 60.000 euros de multa por desobediencia, cuando enfrentaba en su punto de partida 7 años de prisión.

Mundó, que confiesa que era partidario de ir a elecciones tras el 1-O, rechaza que el Govern engañara a la gente, como apunta el tribunal, o que fueran de farol, como dijo la exconsellera Clara Ponsatí. "El tribunal considera que es una ensoñación y yo que es un conflicto político pendiente de resolver". Por eso, arremete contra la "visión muy parcial de la realidad" de los magistrados.

En una entrevista con Efe, el exconseller de Justicia del Govern de Carles Puigdemont -a quien no cita en ninguna respuesta- arremete por partida doble contra el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el president de la Generalitat Quim Torra, a quienes reprocha su actitud en las últimas semanas tras la sentencia.

TORRA, UN PRESIDENT SOLO QUE NO GENERA CONSENSOS

Primero hace un ejercicio analítico de la figura de Torra, de quien que "parece claro que no genera los consensos suficientes a la hora de reconocerlo como interlocutor" de Cataluña con el Estado. De hecho el propio Torra quedó en evidencia cuando se quedó solo al proponer un referéndum de autodeterminación en esta legislatura.

Y así se lo recuerda Mundó: "Es una propuesta personal e invididual del president de la Generalitat que no ha tenido ningún apoyo ni siquiera de su propio grupo. No la había compartido con nadie y esta decisión es lo suficientemente importante para que cuando se anuncia ya tenga los consensos y apoyos necesarios".

Luego le recrimina su pulso con el conseller de Interior, Miquel Buch, por los disturbios tras la sentencia, porque en un Govern "lo más lógico y lo más coherente es que no haya puntos de vista distintos en temas que son esenciales".

Es por ello que desanima a Torra de tomar cualquier decisión irreversible contra Buch porque "en un momento de dificultad y tensión, lo que no aconsejaría a nadie es que tome medidas en caliente".

EL FEO DE SÁNCHEZ A LA GENERALITAT

Ni que tampoco haga declaraciones subidas de tono, como recrimina a Sánchez, a quien desmiente al negar que el independentismo haya ganado en radicalismo lo que ha perdido en capacidad de movilización. "Es un análisis equivocado, no sé si de forma consciente para intentar desanimar a alguien, pero es evidente que el independentismo ni está desmovilizado ni ha retrocedido", asegura.

Mundó augura que "la realidad va a desmentir a Pedro Sánchez cuando dice que el independentismo ha retrocedido" porque el 10-N las opciones independentistas ocuparán la mayor parte de los escaños en juego. Será, en su opinión, la mejor forma de demostrar que "el independentismo sigue manteniendo una solidez considerable".

Con Sánchez es aún más taxativo cuando se le pregunta si tiene razones para no coger el teléfono a Torra. "Ninguna, me parece que el presidente del Gobierno no descuelgue el teléfono cuando llama el presidente de Cataluña, esto no es hacer un feo al señor Quim Torra, esto es hacer un feo a la institución de la Presidencia y de la Generalitat".

LA VIOLENCIA ES UNA VÍA PERDEDORA

Llegado este punto, defiende férreamente a las instituciones catalanas ante las críticas que cuestionan la condena de los disturbios porque "no es verdad que las instituciones de Cataluña amparen, apoyen, consientan o avalen la violencia".

Todo lo contrario. "En Cataluña las instituciones han condenado de forma tajante todas las expresiones de violencia", afirma el exconseller, que tiene claro qué representa ese escenario.

"Para mí la violencia es una vía perdedora, el independentismo es fuerte cuando hace movilizaciones y explica al mundo su legítima posición, cualquier situación y hecho que se aparte de esto no ayuda al independentismo, y quien crea que sí que ayuda no está en lo cierto", sentencia Mundó, en las antípodas de los postulados de la ANC, cuya presidenta Elisenda Paluzie llegó a validar la violencia para dar visibilidad internacional.

BARCELONA NO FUE UNA CIUDAD EN LLAMAS

Lo que ocurre es que el exconseller entiende el peligro que entrañan esas imágenes que han copado las portadas durante días.

"Estos actos que han aparecido de forma recurrente y persistente son al final munición para aquellos que quieren vincular el independentismo a la violencia, porque consideran que de esta forma debilitan el independentismo", advierte, aunque deja claro que "es absolutamente falso" que los independentistas sean violentos pues esas personas "no son representativas" de este movimiento.

Mundó acepta que "ha habido llamas e imágenes espectaculares en negativo, pero no es cierto que hubiese una ciudad en llamas", en alusión a los constantes incendios provocados por los radicales en las calles sirviéndose para ello de todo tipo de mobiliario público.

Lo que pide es no invertir los términos entre la "brutalidad policial indiscutible" del 1-O con 893 ciudadanos heridos y, según él, ningún policía lesionado -pese a que Interior cifró 431 agentes-, con la violencia post sentencia encarnada por "una minoría muy minoritaria" que provocó, solo en su primera semana, unos 600 heridos -la mitad policías- más de cien detenidos y 28 encarcelados.

EL FUTURO DEL INDEPENDENTISMO

Alejado ya de la primera línea política, a la que no contempla volver en corto y medio plazo, Mundó, en cambio, aboga por visibilizar la respuesta pacífica del independentismo contra la sentencia, que ha compartido calle con aquellos que defienden la unidad y denuncian un problema que él no ve por ningún lado. "No soy de la opinión de que en Cataluña haya un problema de convivencia".

Y quiere ante todo que el Estado "haga una propuesta a al menos la mitad de la ciudadanía de Cataluña que quiere dejar de formar parte de España" porque hasta la fecha "es un no a todo".

Quien esté al otro lado es incierto con unas elecciones en el horizonte, y aunque dice que "en los últimos dos años han descapitalizado de liderazgo al independentismo" -con Junqueras en prisión, Puigdemont fugado y Torra en el alambre- avisa: "A este movimiento no le va a faltar ni cabeza ni líderes".

 
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