16-10-2019 / 18:40 h EFE

Una mujer relató hoy en la Audiencia provincial de Ourense cómo fue violada, amenazada, agredida física y verbalmente y retenida en contra de su voluntad durante casi un mes por un miembro del denominado clan "Madriles" con la complicidad de los familiares de éste.

La víctima explicó que fue sometida a continuas violaciones sexuales, golpes, trato vejatorio, amenazas, incluido de drogarla y otras agresiones bajo la vigilancia de los integrantes del citado clan de etnia gitana del que varios miembros han sido condenados por tráfico de drogas y otros delitos.

Su declaración en la vista oral del juicio se ha producido entre estrictas medidas de seguridad y la presencia de varios agentes de la Policía Nacional que acordonaron la entrada al edificio judicial para evitar altercados.

Durante su declaración, que debería concluir mañana, la tensión se hizo patente después de que uno de los hermanos del principal encausado y exnovio de la víctima, declarase que no toleraría ese tipo de actitud de sus familiares.

Según él, si hubiese visto malos tratos, mataba a su hermano, ha dicho, momento en el que se inició un incidente que acabó con su expulsión de la sala.

Posteriormente, fue expulsado también el acusado, tras ser advertido en múltiples instrucciones por el juez de que debía guardar silencio.

El acusado, Javier G.J., de 41 años, al que la Policía considera como un individuo peligroso, ya que en 2009 fue acusado de propinar junto a su hermano una brutal paliza con una barra de hierro a dos jóvenes, ha rechazado las acusaciones.

Javier ha asegurado que las relaciones con la mujer fueron consentidas, ha negado que la hubiese raptado o agredido sexualmente y se ha limitado a afirmar: "ella me pegaba y yo le pegué, no hay más".

Según su relato, la mujer le llamó por teléfono y acudió a su casa voluntariamente, y ha asegurado que ambos consumían "drogas y alcohol", un extremo que ha negado la víctima.

La Fiscalía considera que el acusado, después de proponer una cita, convenció "mediante engaño" a la mujer para que la acompañase a su domicilio, donde la retuvo y la obligó a mantener relaciones sexuales en contra de su voluntad y bajo amenaza durante todo el tiempo de cautiverio, todo ello con colaboración de sus familiares, también acusados.

A preguntas formuladas por los abogados de la acusación, el acusado ha respondido que tuvieron una relación y que al final no quiso "saber nada más de ella".

Además, ha asegurado que ella no acudió a la Policía a formular denuncia alguna porque "tenía miedo de que la buscasen" por otros delitos.

En una versión diametralmente opuesta, la víctima ha asegurado que ambos solo tuvieron una única relación consentida y que, a partir de ahí, el acusado la violó, le obligó a drogarse, a beber, a robar chatarra, a cortarse el pelo, le quitó el teléfono móvil y todo ello bajo la "vigilancia" de su familia.

Preguntada por cómo llegó a su casa, la mujer ha asegurado que no se acuerda pero que :"probablemente me metieron droga en la bebida. Sólo tengo flashes hasta que me vi en la calle Dalia llena de golpes".

Según su relato, durante su retención estuvo "siempre vigilada" y tenía miedo de decir algo, tras asegurar que los miembros del clan "Madriles" la amenazaron con matarla en caso de denunciar el asunto.

"Estoy viva de milagro", ha afirmado la mujer, quien ha narrado haber pasado por un "auténtico calvario" durante cerca de mes de reclusión y de continuas agresiones de todo tipo.

La Fiscalía pide 19 años de prisión para el acusado, y otras penas de reclusión para los familiares por cooperar en la retención y agresión.

Por su parte, los abogados de la defensa han solicitado la libre absolución para los seis acusados, que incluyen además de Javier G., sus padres y hermanos.

Los familiares del acusado han negado en la vista oral del juicio que fuera víctima de agresión alguna y de que estuviera retenida, al afirmar que la mujer tenía libertad para salir de la casa.

Los agentes policiales han indicado que la investigación comenzó después de constatar "algo extraño" en una de las conversaciones con la mujer en el servicio de protección a víctimas de violencia de género.

Entonces, optaron por volver a llamarla en días posteriores, pero ya no les respondió al teléfono por lo que los agentes iniciaron una operación de vigilancia y constaron la falta de colaboración de la familia.

Los agentes han señalado que cuando lograron llevar a la mujer a la Comisaría estaba "temblando" y tenía una "mirada de terror" y el pelo cortado "a trasquilones".

La mujer fue liberada en enero de 2018 una operación en la que colaboraron agentes del un grupo de élite policial en la vivienda situada en la calle Dalia, próxima al cementerio de San Francisco en Ourense, después de permanecer cerca de un mes.

En la intervención policial dirigida por un Juzgado de Ourense y planificada previamente por los equipos policiales, fue detenido el sospechoso.

 
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