13-10-2019 / 12:20 h EFE

El hospital Ramón y Cajal de Madrid y el de Bellvitge, de Hospitalet de Llobregat (Barcelona), fueron pioneros en el tratamiento de la ludopatía y en la actualidad siguen siendo los dos centros de referencia a nivel nacional en la atención a personas con problemas de adicción al juego.

La unidad de ludopatía del Ramón y Cajal se creó en 1981, un año después de que esta adicción se reconociese como trastorno mental, lo que supuso "un goteo de pacientes" desde el primer momento, señala a Efe la doctora Ángela Ibáñez, jefa de servicio de psiquiatría y responsable de la unidad.

También en los años ochenta se puso en marcha la unidad de juego patológico del Hospital de Bellvitge, que entre 2005 y 2018 ha llevado un total de 3.531 casos de ludopatía, explica a Efe su responsable, la psiquiatra Susana Jiménez.

Ambos centros siguen siendo los únicos dentro del Sistema Nacional de Salud con unidades especializadas funcionando con grupos establecidos, en los que, además, se hace investigación. "Siguen estando a la cabeza y colaboran entre ellos", asegura la doctora Ibáñez.

Desde que se creó la unidad en el hospital madrileño han pasado por ella "miles de pacientes". Cada semana se valora a cuatro nuevos, aunque luego no todos reciben terapia, bien porque es incompatible con su horario o porque no acuden a las sesiones.

"Los pacientes con adicción al juego son poco cumplidores del tratamiento". La mayoría no acude por iniciativa propia porque se hayan dado cuenta de que tienen un problema, sino porque les han descubierto por la mala situación económica que ha provocado su adicción al juego; van "un poco presionados" por la familia, relata la doctora Ibáñez.

Otra vía por la que también llegan a la unidad "a pedir ayuda entre comillas" es aconsejados por su abogado a raíz de algún problema jurídico, "pero sin una clara conciencia. En cuanto pueden dejan de venir".

En los inicios de la unidad los pacientes llegaban con hasta ocho años de evolución de juego problemático. Ahora, con la versión 'online', "cada vez es menor el tiempo que pasa desde que empiezan a jugar hasta que se crea el problema y buscan ayuda".

En ello coincide la psiquiatra del hospital de Bellvitge: "Si un jugador presencial tarda ocho años, en un jugador en red oscila entre uno y dos años".

"Antes el perfil era de una media de edad de 45 años cuando llegaban a pedir ayuda y ahora hay una franja importante de pacientes que están entre los 18 y 25 años", puntualiza la doctora Ibáñez.

Al hospital catalán han llegado casos de menores de 16 años que, cuando acuden a solicitar ayuda, "ya llevan una media de un año y medio de evolución" de la enfermedad, según la doctora Jiménez.

El caso más extremo que se ha consultado en la unidad barcelonesa ha sido el de un niño de 12 años.

La gran mayoría de los pacientes de entre 16 y 21 años que se han tratado allí en los últimos 13 años proceden de barrios económicamente desfavorecidos: el 41,8 % tienen un nivel económico medio-bajo y el 49,1 %, bajo, apunta Jiménez.

Esta peculiaridad, a la que se suma que el 53,6 % de los pacientes solo tiene estudios secundarios, "evidencia que estos colectivos con vulnerables a las adicciones, especialmente al juego, ya sea de forma presencial u 'online'".

También la doctora Ibáñez constata un aumento de la demanda de tratamiento para menores en el Ramón y Cajal. "Llegan con 16-17 años y los valoramos, pero no los incluimos en el grupo con adultos, sino que siguen un tratamiento individual hasta que llegan a la mayoría de edad".

En general, los pacientes suelen ser mayoritariamente varones: nueve de cada diez son hombres, lo que no coincide con los estudios epidemiológicos, según los cuales, uno de cada tres jugadores es mujer.

De estas, las que piden ayuda actualmente son aquellas de mediana edad en las que el problema principal son las máquinas tragaperras y, en segundo lugar, el bingo.

En la unidad madrileña recomiendan un tratamiento mínimo de entre 6 meses y un año y después, para evitar las recaídas, cada dos o tres meses el paciente debe acudir a las sesiones de terapia "para refrescar las pautas y, sobre todo, la decisión de no volver a jugar y no minimizar ni olvidar el problema".

"Cuando piensan que el problema ya ha pasado y que ya han aprendido la lección es cuando vienen las recaídas", advierte la doctora Ibáñez.

"En la ludopatía como en el resto de las adicciones no se puede hablar de curación, sí de controlar la conducta y el prevenir recaídas no bajando nunca la guardia. Es muy raro que una persona que ha tenido problemas pueda desarrollar en el futuro una conducta de juego normalizada", agrega.

Además, cuando hay una recaída suele ser con mayor implicación económica y más rápido el desarrollo de la adicción, asegura Ibáñez.

Aparte del tratamiento, en la unidad madrileña se hace investigación sobre factores de riesgo. "Hemos hecho varios estudios y hemos visto que hay cierta predisposición a desarrollar ludopatía, al igual que en el resto de enfermedades psiquiátricas."

 
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