07-10-2019 / 19:49 h EFE

El jesuita Pere Sala, condenado por el Vaticano a vivir recluido como autor de abusos sexuales a al menos dos de sus alumnos en la década de los 80, ha pedido perdón por escrito a sus denunciantes, a los que les confiesa: "Lo que más deseo es acabar mis días en paz conmigo mismo y con todas las personas con que me he relacionado".

La Congregación de la Doctrina de la Fe del Vaticano, cuyo responsable es un jesuita, ha condenado hoy a Pere Sala a vivir recluido en la residencia de Sant Cugat del Vallés donde reside por haber abusado de dos hermanos alumnos suyos en el colegio Sant Ignasi de Sarrià en los años 80, una pena canónica que levanta la prescripción del delito.

En una carta que el jesuita y sacerdote ha enviado a los hermanos J.M. y O.M, sus denunciantes, y que publica El Periódico, el sacerdote condenado, que tiene 95 años, explica: "Ya en la recta final de mi vida, con más de noventa años a la espalda y con tantos recuerdos acumulados, lo que más deseo es acabar mis días en paz conmigo mismo y con todas las personas con las que me he relacionado y me relaciono".

"Ya sé que, antes de eso, os debo una disculpa aunque sea tras tanto tiempo transcurrido desde que os conocí", añade el jesuita, condenado también a transmitir esta disculpa y no tener nunca más contacto alguno con menores ni tener acceso a redes sociales.

El jesuita, que no podrá salir de la residencia donde reside sin expreso consentimiento de su superior, dice que se dirige a los dos hermanos de los que abusó "para pediros perdón por los momentos en que mi conducta con vosotros fue impropia de un jesuita y educador, y por lo que haya podido afectar negativamente en vuestras vidas".

"Lo siento de veras. Con mis mejores deseos", concluye su carta de disculpas Pere Sala.

Los dos ex alumnos del colegio Sant Ignasi de Sarrià han recibido hoy también la comunicación de los jesuitas de la condena impuesta a Sala.

En declaraciones a El Periódico, los dos denunciantes dicen que no pueden perdonar al jesuita, que no aceptan sus disculpas y que no están satisfechos con la investigación canónica ni con las medidas de castigo impuestas por el Vaticano y la Compañía de Jesús.

"¿Cómo puede seguir siendo sacerdote un pederasta?", ha declarado al diario uno de los dos hermanos víctimas de abusos, que ha añadido: "Creo que los Jesuitas nos han tomado el pelo y no voy a detenerme aquí. Voy a recurrir esta resolución al arzobispado".

Los hermanos, que residen uno en México y otro en Inglaterra, han recibido de los Jesuitas la comunicación de la sentencia y la carta de perdón a través del correo electrónico y dicen que lo único que les aporta es "alivio" porque ahora "por lo menos nadie podrá llamarnos mentirosos".

Las dos víctimas de Sala presentaron el pasado mes de septiembre una querella contra los responsables en los años 80 del colegio Sant Ignasi de Sarrià -el rector y jefe de estudios, dos profesores y un auxiliar- y como responsables civil subsidiario al colegio, la Compañía de Jesús y la Fundación Jesuïtes Educació por un presunto delito de omisión de perseguir actos delictivos ya que mantienen que los casos de abusos se ocultaron premeditadamente.

La abogada de las dos víctimas, Mireia Balaguer, ha explicado que la demanda se basa en que, aunque el delito de abusos sexuales haya prescrito, "el deber de denunciar no se extingue".

 
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