16-08-2019 / 14:11 h EFE

Más de trescientas mujeres han participado este viernes, un año más, en la "Pinochada", fiesta de interés turístico regional y en la que Vinuesa (Soria) seguirá reivindicando y trabajando para conseguir un mayor reconocimiento nacional por los valores que atesora y la capacidad de atracción de visitantes.

Vinuesa, conocida como la "Corte de Pinares" y que al menos triplica su población durante el verano, se ha rendido hoy un año más a esta fiesta en la que las mujeres, divididas en casadas y solteras, han vuelto a escenificar una tradición milenaria que rememora las disputas con un pueblo vecino por la imagen de la Virgen.

Vestidas con el traje de "piñorra" y con un pinocho en sus manos -una rama de pino-, las mujeres han recreado la pelea con el vecino pueblo de Covaleda por la imagen de la Virgen.

Ataviadas cada una de ellas con el traje de "piñorra" y con una rama de pino en sus manos, las mujeres han recordado la pelea con el vecino pueblo de Covaleda por la imagen de la Virgen del Pino o, como han dejado escrito los historiadores, las luchas de mojones entre los dos pueblos pinariegos sorianos y la victoria final de los visontinos gracias a la intervención de las mujeres armadas con ramas de pino, conocidos como pinochos.

El alcalde de Vinuesa, Juan Ramón Soria, ha confiado, como su antecesora en el cargo, Asunción Medrano, que se impulse la candidatura de esta fiesta para ser reconocida como de interés turístico nacional.

"Es el día de las mujeres. En la zona de Pinares, las mujeres en general son personas de carácter, con mucho poder. Es interesante que haya sitios en España donde las mujeres sean fuertes y marquen tendencia", ha resaltado a EFE.

María Abad y María del Pino Fernández, dos de las mujeres casadas de la cofradía de la Virgen del Espino, han declarado a EFE que cumplir con la tradición es lo que les lleva a vestirse todos los años de piñorras para participar en la Pinochada.

"Es un orgullo vestir el conmemorar la lucha de las mujeres para ganar la Virgen", ha resaltado Abad.

María del Pino, que lleva vistiéndose de piñorra y participando en La Pinochada sesenta de los sesenta y seis años de edad que tiene, ha asegurado que la jornada es especial.

Se vive con intensidad y emoción por las mujeres desde primera hora, ya que tienen que madrugar para vestirse con el traje de piñorra, compuesto de enaguas, medias blancas, corpiño y delantal negro, falda roja con bandas negras y un mantón bordado, y dirigirse hasta la ermita de la Soledad para desfilar hasta la plaza Mayor.

Cuando han llegado a la plaza Mayor se han formado dos "ejércitos", uno de hombres y otro de mujeres, para enfrentarse, en una escenificación, primero casados contra solteros, cada uno en sus cofradías, y vencer, por dos veces, los primeros.

A la tercera, ambos bandos han lanzado los sombreros al aire en señal compartida de victoria y acto seguido han entrado en acción las mujeres, armadas con sus pinochos, que repitiendo los tres enfrentamientos han terminado con la victoria de las casadas, la cuales previamente han pedido ayuda a la Virgen.

A continuación tiene lugar la humillación de los capitanes y la Pinochada propiamente dicha.

Los jefes de ambas cofradías, casados y solteros, rodilla en tierra, juntan sus rodelas para que las mujeres, dispuestas en dos largas filas, golpeen una tras otra los escudos con las ramas de pino y a ritmo creciente.

Tiene lugar entonces el momento más esperado de la Pinochada, cuando las mujeres rompen filas para perseguir a los varones por la plaza Mayor para darles un toque de pinocho, a la par que han exclamado el esperado "¡De hoy en un año!", una frase contestada por los hombres con "muchas gracias", y que perpetua, un año más, una tradición milenaria a los pies de la sierra de Urbión.

 
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