04-07-2019 / 15:30 h EFE

Cristina del Riego y Verónica Escribano, ambas vinculadas a la Asociación Pro Infancia Riojana (APIR), han construido unas estrategias para poder trabajar la educación emocionar en situaciones de riesgo de niños y jóvenes que han podido estar en entornos maltratadores.

Del Río, antropóloga y técnica en intervención socioeducativa en el proyecto de Aula Retorno de APIR; y Escribano, educadora y psicóloga de esta asociación, han pronunciado este jueves la conferencia "Espacio práctico: trabajando con las emociones", dentro del curso de verano de la Universidad de La Rioja "Intervención con infancia en situación de riesgo".

En un encuentro informativo, Del Riego ha relatado que uno de los pilares de este taller ha sido que los propios profesores y profesionales de la educación deben hacer un trabajo personal previo para poder estar con estos niños de manera adecuada, es decir, "comprender sus propias emociones para poder gestionarlas en cada uno de las momentos que sean necesarias".

A su vez, Escribano ha señalado que han presentado actividades y tareas que ellas mismas han hecho con menores en algunas sesiones y que han visto que han funcionado, con el fin de que los asistentes al taller se puedan aplicar.

Sobre si todos los docentes deberían tener esta preparación, Escribano ha indicado que los profesores con los que piden estos talleres de gestión emocional para "poder manejar situaciones que les sobrepasan en las aulas".

Ha explicado que este modelo de autogestión funciona a nivel personal para "estar en su trabajo y no caer en ese cansancio emocional que a veces transmiten" y, además, para "interactuar con los alumnos, sobre todo, con los que tienen trastornos de conducta".

En cuanto a la manera de gestionar las emociones de los alumnos, Escribano ha afirmado que es importante conocer "la historia que tienen a sus espaldas y ver si se puede trabajar a nivel familiar con ellos".

A su vez, Del Riego se ha referido a que las estrategias para que los alumnos tengan una atención plena pueden ayudar, como, por ejemplo, "la concentración en su propia respiración".

La antropóloga ha defendido que si un niño está activado o agitado, es difícil que responda de la manera más racional, por lo que "tiene que calmar esas emociones a través de una respiración o de una concentración sobre algo concreto que sea significante para él y, de esta manera, se pueda calmar".

También ha subrayado que cuando el niño ya se ha calmado, se pueden incluir elementos que sean favorecedores para "sacar a la luz sus fortalezas, lo que repercutirá en la clase de una manera positiva".

Ha añadido que el resto de alumnos de la clase puede ayudar a ese compañero que está teniendo conductas más disruptivas, de tal forma que "la ayuda entre iguales con un adulto que les guíe ayudará a no estigmatizar y a no dejar un poso en ese niño, que, al fin y al cabo, ha tenido una historia de vida peculiar".

 
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