21-06-2019 / 18:40 h EFE

La producción de leche de vaca ha dejado de ser un negocio en pequeños pueblos como Catral para convertirse, a día de hoy, en una carga insostenible que deriva a la extinción de la figura del 'lechero', tan importante en los años 70 y 80, cuando era la fuente de ingresos para muchas familias.

Este tradicional oficio ha desaparecido con el paso de los años aunque, por suerte, se mantiene vivo en la memoria de muchos vecinos gracias a los paisajes donde se ubican los recintos ganaderos.

La vaquería de Francisco Grau, más conocido como Paco 'El Vivo', en plena huerta, contribuye a mantener el recuerdo de este trabajo "pausado, delicado y sacrificado".

Francisco Grau, Francisco López y Pascual Gómez, tres personas que conocen muy bien este oficio, reconocen que tanto las tareas de producción, como de reparto, no conocían de "festivos ni puentes" y, es que, hablamos de un alimento "imprescindible en el día a día".

Este oficio requería de un espacio vital como era la propia vaquería, donde se cuidaba y ordeñaba el ganado, en sus primeros años a mano y, después, con máquinas especializadas que permitían trabajar con dos animales a la vez.

Vaquería, aunque de menor tamaño, que también tenía Pascual Gómez, también conocido como 'El Guardia'.

Tras la introducción de estos avances, según cuenta Francisco Grau, la vaquería pasó de unas 20 a 40 reses que ordeñaban, limpiaban y alimentaban "desde muy temprano". Siguiendo sus palabras, "hasta 400 litros diarios de leche" podían obtener en buenas épocas, como la primavera.

La falta de tiempo para el reparto hacía que el lechero del pueblo se acercase hasta la vaquería para recoger estos litros y entregarlos a sus clientes, amigos o vecinos, con los que muchas veces establecía una "amistosa relación" llegando a convertirse, en algunos casos, en un miembro más de la familia.

Francisco López, también conocido como Paco 'El Largo', era uno de esos lecheros que, a diario y de casa en casa, dejaba este alimento básico para cualquier familia.

Muy temprano, sobre las cinco y media de la madrugada, cargaba los 'cacharos' en su coche para iniciar este reparto por Catral y también por pueblos próximos como Crevillent.

Dos espacios para un mismo oficio, el del lechero, en pleno contacto con el medio natural y animal, que precisaba de "calidad, rigor, salubridad y trato amable". Algo que, hoy, prácticamente se ha perdido.

 
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