19-06-2019 / 16:40 h EFE

El transporte, la limpieza, el desarrollo urbano... Los grandes temas que marcan las elecciones locales han quedado a la sombra de la economía, la gran preocupación de los turcos, en el caso de Estambul, donde los comicios se repiten este domingo tras anularse el resultado de marzo.

Con la inflación por las nubes, la lira devaluada y una crisis en ciernes, el 76 % de los turcos considera la economía como el mayor problema del país, según Ibrahim Uslu, del instituto de sondeos ANAR.

¿Realmente está tan mal la economía?

Frente a la estabilidad de la última década, con una inflación no superior al 10 %, Turquía ha vivido un annus horribilis, con la grave caída de la lira en verano pasado y la desbocada inflación que llegó al 25 % en octubre y sigue cerca del 20% ahora. La imposibilidad de pagar deudas contraídas en moneda extranjera ha llevado a la bancarrota a miles de empresas, tanto grandes como pequeñas. En marzo, el paro alcanzó el 14 %, frente al 10 % de los últimos años.

La débil lira también ha impulsado las exportaciones, pero las ganancias son modestas: la economía de exportación turca descansa en gran parte sobre productos manufacturados para las que el país debe importar las materias primas, ahora encarecidas.

¿Amenaza un descalabro total?

No. La deuda exterior de Turquía alcanzó el 57 % del Producto Interior Bruto en 2018, un incremento fuerte respecto a años anteriores, pero relativamente bajo: la media de la OCDE oscila en torno al 100 %.

El mayor peligro para Turquía no son los datos macroeconómicos sino la desconfianza de los inversores y su percepción de que en el país, la palabra del presidente, Recep Tayyip Erdogan, importa más que la ley.

El nombramiento hace un año del yerno de Erdogan, Berat Albayrak, como ministro de Finanzas, no ha ayudado a tranquilizar a los mercados.

Por eso, las elecciones municipales también afectan a la economía: si se generaliza la impresión de que el Partido Justicia y Desarrollo (AKP), de Erdogan, no está dispuesto a aceptar una derrota según las normas democráticas, la inversión bajará. De hecho, la lira volvió a perder valor a principios de abril, cuando el AKP recurrió la victoria del socialdemócrata CHP, pero ha vuelto a recuperarse en las últimas semanas, ante el tono menos agresivo que ha adoptado.

¿Cómo intenta el Gobierno afrontar la crisis?

Gastando más dinero para paliar los efectos mientras intenta no perder votos. En el primer trimestre de 2019, la economía turca se contrajo un 2,6% respecto al mismo periodo del año anterior, los hogares gastaron un 4,7% menos, pero el gasto público se elevó en un 7,2%, explica a Efe el economista Hayri Kozanoglu.

Al mismo tiempo, el Banco Central toma medidas para desincentivar la compra de moneda extranjera, abre canales de crédito e inyecta periódicamente dinero en el sistema para frenar la caída de la lira, pero a juicio de los analistas son tácticas a corto plazo que sólo pueden retrasar los efectos negativos de la crisis, hasta después de las elecciones.

"Ninguna de las medidas gubernamentales va a la raíz del problema. Las necesidades básicas para crear un clima favorable a la inversión son un Estado de derecho, la democracia y la confianza en las instituciones. Sin restaurar estos fundamentos, Turquía no saldrá de la crisis", opina Selin Sayek Böke, economista y diputada del socialdemócrata Partido Republicano del Pueblo (CHP).

"No se puede comprar la democracia y el imperio de la ley con créditos" advierte.

 
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