13-06-2019 / 23:40 h EFE

Un día de 2016, el teléfono de Roberto Mijalchuk sonó después de casi 40 años sin hacerlo; era la línea de su hermana desaparecida durante la última dictadura argentina, número que mantuvo por si alguien se comunicaba alguna vez. Con esa llamada, reapareció su sobrino, el hijo de ella.

Se trata de Javier Matías Darroux Mijalchuk, quien desde este jueves es el nieto número 130 recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo, la emblemática asociación de derechos humanos que desde 1977 busca a sus nietos, los hijos de desaparecidos que fueron apropiados por el régimen y entregados a familias ajenas.

"Para mí, (ese teléfono) es un símbolo de entereza, de constancia, de una lucha que nunca pierde la esperanza contra todo lo que puede desmotivar. Y no, un día ese teléfono suena y te dicen que tu sobrino está vivo", dijo a Efe ese sobrino, Javier Matías, después de la rueda de prensa en la que la presidenta de Abuelas, Estela de Carlotto, anunció su restitución.

Los abrazos entre Javier Matías y Roberto en varias ocasiones durante su primera aparición pública dieron un cierre a otra de tantas historias agridulces de las dadas a conocer por Abuelas.

"El hecho de encontrarme implica que él nunca más va a volver a ver a su hermana", afirmó Darroux, quien optó por estar presente en la comparecencia, al contrario que muchos nietos.

A su lado, con voz quebrada y emocionado después de una vida de incertidumbre, habló su tío, Roberto Mijalchuk, hermano de Elena Mijalchuk, desaparecida en 1977 junto a su pareja, Juan Manuel Darroux.

"Lo importante es que yo tengo dos líneas de teléfono, una de esas que dan las señales de cable y una que nunca di de baja, que es la que tenían mi hermana y mi cuñado", relató Mijalchuk.

Él, que buscó en solitario durante todo el tiempo con su madre enferma antes de morir y su padre, fallecido también, nunca perdió la fe en que su hermana llamara, viva, desde alguna parte del mundo.

"Las esperanzas se fueron livianizando (sic) con mi hermana pero nunca se fueron perdiendo con las de Javier", recalcó.

Y Javier Matías apareció, en Córdoba, donde es guía turístico y vive en la actualidad junto a su esposa, Vanina, quien lo acompañó hoy.

Vanina fue una de las que le instó a contactar con Abuelas hace una década, en un momento en el que él era reacio a llamarlas aunque sabía que era adoptado y que las fechas cuadraban para que sus padres fuesen desaparecidos de la última dictadura del país austral (1976-1983).

Tras ponerse en contacto con Abuelas, y en un dilatado proceso, la asociación comparó sus muestras de sangre con las de su banco de datos genéticos, el método utilizado desde 1987 por ley en Argentina y que ha ido sumando técnicas avanzadas de identificación genética, y el resultado fue del 99,9 % de coincidencia entre él y Mijalchuk.

A Javier Matías le pudo el egoísmo y el temor a "lo que podía encontrar" hasta que su compañera le hizo reflexionar y vio que alguien podía estar al otro lado.

"Y fíjate, (mi tío) estaba metido buscándome hace 40 años, o sea que no es un invento", admitió el nieto en declaraciones a la prensa, cuya abuela ya falleció.

Tras aquella llamada a aquel teléfono con telarañas, el reencuentro fue "muy emotivo", una escena que se repitió hoy en Buenos Aires en la sede de Abuelas, a las que Javier Matías definió como una "luz de esperanza" y de las cuales destacó su "persistencia en la lucha".

El nieto número 130 cuya identidad ha sido restituida desde el comienzo de esa lucha desapareció en diciembre de 1977, con solo cuatro meses de vida.

Su padre, Juan Manuel, había desaparecido a principios de mes y su madre, que estaba desesperada, recibió una carta firmada por él que le decía que el día después de Navidad debían encontrarse en un lugar de Buenos Aires.

Elena acudió a esa cita con el bebé y su familia nunca la volvió a ver.

Las fotos de ambos progenitores estaban hoy, como de costumbre, en la rueda de prensa entre los gritos de "30.000 detenidos desaparecidos, presentes".

Javier Matías fue encontrado abandonado en una calle que se encontraba a tres calles de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde funcionaba el mayor centro clandestino de detención de la dictadura, que apresó allí a cerca de 5.000 personas secuestradas.

Lo dieron en adopción legal a una familia corriente que lo crió bien, que nunca le ocultó que era adoptado pero que no sabía su procedencia real.

Darroux se mostró este jueves "agradecido" a esos padres de crianza, ya perecidos, que "dieron todo lo mejor de ellos", circunstancia que no suele suceder en muchos casos de nietos robados que fueron dados por familias cercanas al régimen o a los mismos militares que hicieron desaparecer y presumiblemente mataron a sus padres.

"Si pudiera preguntarles algo a mis padres biológicos sería que me ayuden a encontrar la verdad, a saber dónde están sus cuerpos, qué pasó con sus vidas, si tengo o no un hermano o una hermana viva", confesó.

Y es que cuando Elena desapareció ya estaba embarazada de nuevo, y Javier Matías pidió hoy ayuda para encontrar a ese familiar, si es que existe y es uno de los 500 bebés que Abuelas calcula que la dictadura robó y que, como él, reaparecen a cuentagotas.

 
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