23-04-2019 / 19:00 h EFE

Una isla con forma de lágrima, interminable nómina de playas vírgenes y ruinas milenarias. A Alberto Chaves, de 31 años, que trabajaba en la India, y a María González, de 32, les pareció que Sri Lanka era un buen destino para verse por Semana Santa, un viaje que reventó la sinrazón terrorista.

Antes de la cadena de atentados que el pasado domingo segó la vida de más de tres centenares de personas, ambos jóvenes, una pareja muy querida entre quienes les conocían, disfrutaban de un desayuno en el precioso hotel en el que se alojaban, después de haber subido fotos que demostraban lo acertado de su elección, pues sus semblantes en esas instantáneas, hoy dolorosas, lucían entonces radiantes.

Él trabajaba en la filial de la empresa Profand en ese país de Asia del sur, un grupo internacional líder dedicado a la pesca, procesado y comercialización de productos del mar. Su padre, ha contado su entorno cercano a Efe, le había dado ánimos para dar ese gran paso, convencido de que le serviría para ir escalando y por eso, aunque no tiene responsabilidad alguna, no puede evitar sentirse culpable, convive con esa congoja.

Ella, María, trabajaba en Mayfer, la compañía de su familia en Padrón (A Coruña), especializada en equipación de trabajo, en seguridad, higiene laboral y rotulación textil.

Si todo hubiese salido según lo previsto, él habría vuelto de vacaciones el próximo junio y, desde su domicilio de Pontecesures (Pontevedra) ambos podrían disfrutar de otros muchos parajes de ensueño o habrían empleado su ocio en aquello de lo que más disfrutaban, que era casi todo. Pero un tremendo baño de sangre ha impedido que así sea.

Compañeros de Alberto se han desplazado a la zona para ayudar a la confirmación de identidades y, además, se ha producido la solicitud a los parientes de fotografías de ambos y de otra documentación.

María era hija única, Alberto tiene un hermano menor. En Rianxo (A Coruña), de donde él era originario, en concreto del núcleo de Leiro, una vecina, Carmen, lo recuerda como un gran chico, y no es la única; aparte de destacar su carácter afable, algo que por los diferentes comentarios vertidos en las últimas horas también compartía con su pareja.

Las familias de uno y otro no digieren el mazazo. Lo ha contado el alcalde de Pontecesures, Juan Manuel Vidal, incapaz de encontrar las palabras acertadas para describir la sensación de desconsuelo, que él también padece, puesto que su relación era bastante estrecha.

"La violencia ciega e injustificable ha sacudido el pueblo y ha segado la vida de dos jóvenes que eran vecinos y amigos", ha dicho este martes antes de guardar un minuto de silencio en su memoria.

En el municipio rianxeiro, otro regidor, Adolfo Muíños, en un acto de similares características, no ha podido más que expresar su "repulsa total al terrorismo" que -ha lamentado- "aunque sea lejos, también afecta a gente de aquí", como se ha visto.

En efecto, esa radiografía del ataque sin límite del odio ha incorporado dos nuevos nombres, los de dos españoles.

 
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