13-04-2019 / 15:09 h EFE

El presidente de la Asociación de Familiares de Represaliados de Valdenoceda, en el norte de Burgos, José María González, ha confirmado la "dureza extrema" del penal, que estuvo abierto entre 1938 y 1945, a partir de los documentos y testimonios que han recabado.

"Quienes fueron al penal, entre ellos los más de 150 fallecidos, habían sido condenados en juicios que en realidad eran pantomimas, con acusadores y defensores del mismo ejército; y después los presos soñaban con un trozo de pan y comían hasta patatas crudas porque no les daban de comer", ha explicado en declaraciones a EFE González.

De hecho, uno de los presos que estuvo en el penal, Ernesto Sempere, relató a González como cuando le trasladaron a Canarias, a una cárcel de máximo castigo, se sorprendió porque allí le daban de comer todos los días, incluso algún plátano y algún trozo de chocolate.

Ante estos datos, González ha considera que quienes dicen que no van a ayudar a seguir exhumando restos de represaliados demuestran "poca sensibilidad" y les invita a que se acerquen a alguno de los homenajes o vean algún trabajo de exhumación, para que entiendan que se trata de "un drama humano que no tiene que ver con ninguna revancha ni con resucitar el pasado".

Hoy se ha celebrado en Valdenoceda un homenaje a los represaliados en un año en el que las ayudas de la Junta de Castilla y León y la Diputación de Ciudad Real, de donde procedían muchos presos que acabaron en este penal, han permitido identificar los restos de dos personas más de los 114 que fueron exhumados en 2007.

Con estos son ya 68 los restos que se han identificado y entregado a sus familiares.

En Valdenoceda murieron 154 presos, casi todos por hambre y frío, ya que no recibían comida y las celdas estaban junto al río en una zona que se inundaba con cierta frecuencia.

Cuarenta se encuentran bajo otros restos humanos más recientes, ya que quedaron dentro de una relativamente reciente ampliación del cementerio de la localidad.

Un caso "especialmente delicado" es el de David Ruiz, cuyos restos permanecen en gran parte debajo de las tumbas nuevas, por lo que solo se pudo extraer un diente para realizar un aprueba de ADN para confirmar su identidad, aunque su hijo vive y desea recuperar los restos de su padre.

En los últimos meses se han conseguido identificar los restos de Julián González y de Abilio Luis Jábega, ambos de Castilla-La Mancha.

"Abilio tenía 21 años y, aunque era de Cuenca, vivía en Campo de Criptana (Ciudad Real), lo que confirma que eran de esa provincia de donde procedían buena parte de los presos de Valdenoceda", ha afirmado González.

El presidente de la asociación ha explicado que después de analizar la documentación ha podido confirmar que Abilio era barbero y se le condenó en un Consejo de Guerra, aunque no consta por qué delito ni a cuantos años.

El otro exhumado que se ha conseguido identificar es Julián González, de Almagro, un hombre de 58 años que tenía cuatro hijos de entre 15 y 33 años.

Era un jornalero analfabeto y le condenaron a seis años y un día de prisión por Excitación a la Rebelión, aunque en realidad todo apunta a que solo le condenaron porque era un afiliado a UGT.

González ha insistido en que es necesario "devolver la dignidad a las personas que murieron en condiciones tan penosas, aunque en el fondo creo que no llegaron a perder la dignidad".

 
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