29-03-2019 / 17:42 h EFE

La escritora y periodista española Pepa Roma admite que si su madre hubiera estado viva cuando escribió "Una familia imperfecta" (2017) quizás esta novela, que tiene sus cimientos en vivencias personales y una progenitora resentida y manipuladora como personaje clave, no hubiera visto la luz.

"Pues a lo mejor no", responde cuando Efe le pregunta si se hubiera atrevido a publicarla.

Roma se encuentra en Miami (EE.UU.), donde mañana sábado presentará en una librería esta novela sobre secretos y demonios familiares cuya versión en catalán estará en las librerías en muy pocos días.

Catalana de "pura cepa" y al mismo tiempo "orgullosa de ser española", Roma explica que "Una familia imperfecta" (Espasa) tiene un sustrato autobiográfico, pero hay un momento en el proceso de creación en que lo literario se separa de lo real y es cuando "la novela empieza a mandar" y a seguir su propio derrotero.

La novela se centra en una madre despótica ingresada en una residencia de la tercera edad, su hijo, con un carácter "débil" y gravemente enfermo de un cáncer, y la hija, que vive en Madrid y se traslada a Barcelona para atenderlos.

"Me gusta mucho jugar con personajes vulnerables y con cierta ingenuidad, porque eso permite indagar", señala la autora de novelas como "Indian Express", premio Azorín, y "Mandala", premio Andalucía.

Temas como los abusos sexuales, la masculinidad herida, la impunidad de los abusadores con la complicidad de familiares de la víctima y la vergüenza y el sentimiento de culpabilidad que rodean al abusado y a su familia son materia de "Una familia imperfecta".

"Estamos en el momento de dar la batalla contra el microabuso, el pequeño abuso diario que se da en todos los ámbitos, en el trabajo, en la relación hombre-mujer y en las familias, el abuso del fuerte sobre el débil", señala.

Para esta escritora y periodista amante de los viajes por Asia y América Latina, la lucha feminista debe estar dirigida tanto contra el machismo como contra esos "microabusos".

Callar los abusos y taparlos ha sido parte de las "convenciones" familiares, pero ahora "se está dando vuelta a todo eso", como sucede con los abusos dentro de la Iglesia católica, dice.

A juicio de Pepa Roma, las madres han sido tradicionalmente "las grandes cómplices" de los abusos intrafamiliares y hay que decirlo, porque las mujeres tienen "luces y sombras".

Esas mujeres lo hacían en gran parte porque si denunciaban al padre quedaban todos "en la calle", pues era él quien mantenía a la familia, pero las cosas han cambiado y hoy la mujer tiene recursos.

Siempre interesada por la masculinidad, Roma, que publicó un libro de entrevistas con hombres titulado "Hablan ellos", rompe una lanza" por los varones que han quedado "descolocados" con todos estos cambios y debe encontrar un "nuevo modelo".

Los personajes masculinos de "Una familia imperfecta" están tratados con cariño, en especial el del padre, que Roma reconoce que está directamente inspirado en el suyo propio, un hombre de izquierda que "tenía el mundo en la cabeza" y no ejercía "la ignorancia activa" que promovía el franquismo.

Es una novela de temática universal pero a la vez muy catalana, como su autora, que, no obstante, la escribió en castellano.

Roma afirma que, aunque en su casa se hablaba en catalán, su vida escolar y social fue en español porque creció durante el franquismo.

Ser bilingüe desde el colegio habría hecho a su literatura "más rica" y "más profunda", porque habría estado enraizada en sus "sentimientos primeros".

Eso que le "restaron" como a otros catalanes, se compensa, dice, con el "plus" de "pertenecer a una cultura tan rica, tan grande y tan universal como la española", subraya.

A su juicio, Cataluña ha perdido "conciencia de eso" y hay algunos que ven como un "demérito" lo que es un "regalo", pero subraya que no son todos, que hay muchos que piensan como ella.

Roma no tiene reparos en hablar del conflicto catalán, que a su juicio no es solo entre los independentistas y España, sino en cierta manera "una revuelta" de los catalanes de provincias contra la burguesía asentada en Barcelona que "siempre ha mandado", con el franquismo y antes y después.

También, dice, hay hijos de inmigrantes con apellidos españoles que renuncian a su "legado" y se hacen "más catalanes que los catalanes" como manera de llegar a espacios de poder y de toma de decisiones que antes les estaban vedados.

"Somos una sociedad bastante clasista", subraya, pero ahora la burguesía ha perdido terreno.

La escritora de Lleida, cuya familia emigró a Barcelona, donde ella se crió, aunque vive en Madrid desde hace años, rechaza el "enconamiento" que ha producido en España el

A su juicio, el estado español ha fallado en no haber "asumido que el catalán es una lengua española" y ha dejado que los independentistas se tomen "todo lo catalán como propio".

 
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