12-01-2019 / 17:29 h EFE

Los enfrentamientos por el desarrollo del sector petrolífero, las diferencias regionales entre el este y el oeste del país, y los conflictos con indígenas amenazan con desgarrar Canadá, donde algunos ya hablan de "Albexit", la posible separación de Alberta.

Durante décadas, la principal amenaza a la unidad de Canadá procedió de la provincia francófona de Quebec, en el este del país, donde el movimiento separatista convocó dos referendos independentistas en 1980 y 1995.

El segundo y último estuvo a punto de conseguir el objetivo del entonces Gobierno del soberanista Partido Quebequés (PQ), cuando los partidarios de la separación consiguieron el apoyo del 49,42 % de los votantes.

Desde entonces, la opción soberanista ha decaído progresivamente en la provincia. El Bloque Quebequés (BQ), que representa el movimiento independentista en el Parlamento canadiense, ha pasado de 54 escaños en 1993 a 10 en 2015.

Así que, aunque el sentimiento nacionalista no ha perdido fuerza en Quebec, el independentismo quebequés no supone una amenaza a la unidad canadiense como a finales del siglo XX, especialmente tras la aprobación en el año 2000 de la llamada Ley de la Claridad, que restringe el impacto de otro posible referendo separatista.

Pero Quebec no es la única provincia canadiense con un movimiento separatista. Alberta, en el oeste del país, también cuenta con un sector de la población que periódicamente discute sobre la necesidad de independizar el territorio del resto del país.

Ahora, las crecientes tensiones entre el este y el oeste del país sobre políticas energéticas y el desarrollo de la industria petrolera, han revivido la llamada "alienación" de Alberta y los partidarios de la separación.

En diciembre, el académico y economista Jack Mintz planteó públicamente un "Albexit", la separación de Alberta del país, y argumentó que la provincia tendría un futuro mejor fuera de Canadá.

El centro de la disputa es el desarrollo de los yacimientos de arenas bituminosas de Alberta, que constituyen una de las mayores reservas conocidas de petróleo del mundo, y la construcción de oleoductos que permitan su exportación tanto a Asia como hacia las provincias del este de Canadá.

En la actualidad, Alberta sólo puede exportar el petróleo que produce hacia Estados Unidos. Esta limitación ha provocado el hundimiento del precio del crudo de Alberta hasta el punto que la provincia ordenó a finales del año pasado la reducción de la producción para intentar elevar el precio.

Según Mintz, el resto de Canadá, especialmente las provincias de Columbia Británica y Quebec, opuestas a la construcción de oleoductos por razones medioambientales, no permite que Alberta aproveche sus recursos petrolíferos.

"Los habitantes de Alberta se preguntan por qué deben permitir que les den guantazos cuando el Gobierno federal, Quebec y el resto de Canadá no han tenido problema tomando centenares de miles de millones de dólares que les han proporcionado durante décadas Alberta y su petróleo 'sucio'", escribió Mintz.

Como explicó otro académico de Alberta, Ted Morton, la diferencia entre los impulsos separatistas de Quebec y Alberta es que mientras la primera está mejor económicamente siendo parte de Canadá, en el caso de la segunda, la provincia sería más rica como país independiente.

Y es que Alberta, como la vecina Saskatchewan, llevan décadas protestando alegando que contribuyen económicamente más a Canadá que el este del país y que Ottawa invierte menos en sus provincias que en Quebec.

Las diferencias en materia de política energética también están afectando a otras poblaciones canadienses en las que la cuestión soberanista siempre está presente: las comunidades indígenas.

Muchos en las naciones indígenas de Canadá se oponen al desarrollo de yacimientos petrolíferos y la construcción de oleoductos y gasoductos que tienen que pasar por territorios tradicionales de estas comunidades.

Esta semana, un grupo de wet'swet'en, una nación indígena de la provincia de Columbia Británica, en el oeste del país, bloqueó la construcción de un gasoducto en su territorio tradicional, lo que provocó momentos de tensión entre los manifestantes y agentes fuertemente armados de la Policía Montada de Canadá.

El enfrentamiento entre los wet'swet'en y la Policía Montada ha provocado que otras naciones indígenas canadienses realicen actos de protesta por todo el país en solidaridad con los opuestos al gasoducto.

El conflicto de Columbia Británica se une a decenas de reclamaciones similares por parte de las comunidades indígenas de Canadá que reclaman mayores dosis de autodeterminación y control sobre los recursos naturales de sus territorios tradicionales, complicando políticamente el mosaico que es Canadá.

 
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