15-11-2018 / 13:50 h EFE

Investigadores del Instituto de Investigación Biomédica (IRB) de Barcelona han conseguido modificar la clorotoxitina, una proteína pequeña del veneno de escorpión capaz de superar la barrera encefálica para transportar fármacos.

La investigación, que ha llevado a cabo el laboratorio de Péptidos y Proteínas del IRB y que publica la revista 'Chemical Communications', ha hallado una molécula pequeña (un péptido) derivada de la clorotoxina, proveniente del veneno de escorpión (Giant Yellow Israeli scorpion), capaz de transportar moléculas a través de la barrera hematoencefálica.

Esta barrera evita el paso de sustancias tóxicas, pero al mismo tiempo dificulta la llegada al cerebro de muchos fármacos potencialmente eficaces para enfermedades neurológicas y tumores.

"Hasta el 98 % de los medicamentos que podrían ser útiles no se pueden usar porque no pueden traspasar esta barrera", ha explicado el jefe del laboratorio, Ernest Giralt.

Los investigadores han evaluado la eficiencia en modelos celulares de barrera hematoencefálica que tienen en el laboratorio y han comprobado que el péptido es capaz de transportar moléculas pequeñas y grandes "con gran eficacia" a través de la barrera del cerebro.

Según Meritxell Teixidó, investigadora colíder del trabajo, del mismo modo que la medicina tradicional utiliza productos naturales como plantas y flores para curar diversas enfermedades, el laboratorio del IRB Barcelona también se inspira en los venenos para encontrar lanzaderas peptídicas.

"Nuestro objetivo es ayudar a los fármacos a llegar al cerebro y por eso los unimos a péptidos diseñados para poder atravesar la barrera hematoencefálica", ha comentado Teixidó.

"Sólo dos o tres grupos en el mundo exploran los péptidos lanzadera. Nosotros trabajamos diversas estrategias y una es la de los venenos", ha puntualizado Giralt.

El IRB, en estudios anteriores, había demostrado que, a partir de un péptido del veneno de abeja, la apamina, después de varias modificaciones químicas, obtenían una lanzadera que era capaz de transportar fármacos a través de la barrera hematoencefálica.

Tras estos resultados positivos, el laboratorio del IRB quería saber si los venenos pueden ser una fuente universal de lanzaderas peptídicas porque "hay miles de venenos descritos que contienen millones de péptidos con el potencial de convertirse en lanzaderas. Elegimos la clorotoxina porque ya se había descrito que actuaba como toxina en el cerebro", según Teixidó.

 
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