03-06-2015 / 12:31 h EFE

Ahmet Davutoglu, líder del Partido Justicia y Desarrollo (AKP) y actual primer ministro, tiene prácticamente asegurada la victoria en las elecciones legislativas, pero no tanto su futuro político.

El principal problema es que Davutoglu sólo controla la formación islamista de forma nominal y está a la sombra de su fundador y actual presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan.

Formado como politólogo, Davutoglu (Konya, 1959) fue ministro de Exteriores de Turquía entre 2009 y agosto de 2014, momento en el que sustituyó a Erdogan, electo presidente, como primer ministro y líder del AKP.

Pero aunque la Constitución exige al presidente romper sus vínculos con toda formación política y mantenerse neutral, pocos dudan de que Erdogan sigue siendo la autoridad indiscutible en la formación islamista que fundó en 2001.

Davutoglu es un experto en relaciones internacionales que llegó a la política cuando ya tenía 50 años, tras una carrera como profesor universitario y asesor del Gobierno.

Es el teórico de una ambiciosa política centrada en la visión de Turquía como una potencia regional capaz de mediar, influir e incluso ser un ejemplo en los territorios de Oriente Medio, Europa y África que una vez fueron del Imperio Otomano.

Esa estrategia "neootomana", criticada por toda la oposición, ha acabado acercando a Ankara a países muy conservadores, como Arabia Saudí o Catar, alejándola de la Unión Europea (UE) y generando tensiones con otros vecinos como Irán.

Las elecciones dan a Davutoglu la ocasión de perfilarse como dirigente del AKP tras doce años de hegemonía absoluta de Erdogan, pero su discurso es prácticamente indistinguible del de su predecesor, hasta el punto de que en los mítines adopta el mismo tono fervoroso de su mentor, conocido por su oratoria.

También en sus posturas políticas Davutoglu defiende una visión conservadora y panislamista muy similar a la de Erdogan, aunque se expresa con menos vehemencia.

La presencia de Erdogan en la campaña llega al punto de que el presidente realiza todos los días uno o varios actos, normalmente inauguraciones de instalaciones públicas, con discursos que la oposición considera electorales.

En estos discursos, Erdogan ha pedido a los votantes que otorguen un mandato "a 400 diputados", un número incluso superior a la mayoría de dos tercios (367 escaños) que necesita para reformar la Constitución y convertir Turquía en un Estado presidencialista, su gran objetivo.

Pero resulta inverosímil que el AKP, que actualmente cuenta con 312 escaños, alcance esa cifra, y es incluso dudoso que llegue a los 330 que le permitirían elaborar una reforma y someterla a referéndum popular.

Un resultado entre los 276 y los 330 escaños permitiría a Davutoglu gobernar en solitario con una cómoda mayoría absoluta, pero enterraría los sueños de su mentor y podría crear fisuras entre ambos.

Aunque es menos probable, los sondeos no excluyen que el AKP pueda perder la mayoría absoluta que obtuvo en 2002 y que ha ido renovando en 2007 y 2011, obteniendo cada vez más votos pero reduciendo su número de escaños.

Pero incluso en ese caso, probablemente mantendría el Gobierno, dado que es difícil imaginar un pacto tripartito de sus adversarios que debería unir a los socialdemócratas del CHP con la izquierda prokurda del HDP y los nacionalistas conservadores del MHP.

 
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