12-03-2011 / 11:50 h EFE

Y es que roncar de forma discontinua, con paradas respiratorias que provocan un despertar inconsciente durante la noche, tiene como consecuencia somnolencia durante el día, problemas cardíacos, infartos cerebrales e incluso dificultades en las relaciones de pareja.

Por eso, según ha indicado a EFE el jefe de la Unidad del Sueño del Hospital Morales Meseguer, Julián Caballero, muchos enfermos, animados por sus parejas, deciden acudir al médico y a más de la mitad de ellos se les trata con el CPAP (Presión continua positiva en la vía aérea superior), una máscara que se coloca en la nariz que recoge el aire del ambiente y lo introduce en la cavidad nasal a determinada presión para así evitar que la garganta se colapse.

Unos 1.200 murcianos han empezado a utilizar este método tan extendido, pero, según el doctor Caballero, un 30 por ciento de los pacientes rechazan este tratamiento, bien por incomodidad e inconstancia en su uso, o por su ineficacia a la hora de minimizar los problemas de apnea del sueño.

Por ello, uno de los tratamientos que más se está extendiendo en los últimos años es una prótesis mandibular que ya utilizan unos 60 pacientes en la Región de Murcia.

Consiste en un aparato para los dientes que fuerza a la mandíbula a adelantarse para así facilitar la entrada de aire durante el sueño y evitar que la garganta se cierre con las consecuentes paradas respiratorias, explica Julián Caballero.

A pesar de que es el método mejor tolerado por los pacientes, pues se trata de un simple aparato en los dientes, todavía no es muy utilizado debido a que cuesta unos 300 euros y no está cubierto por la Seguridad Social, indica Caballero, aunque confía en que pronto pueda incluirse en ella.

Sólo en los casos más graves, en los que la somnolencia que provoca la apnea del sueño pueda perjudicarles en su quehacer diario o pueda provocar algún accidente, como cuando se duermen al volante, se aconseja la cirugía, que se aplica en un porcentaje muy bajo.

Pero los profesionales sanitarios también aconsejan que, antes de llegar a estos tratamientos, se tomen medidas más básicas, como evitar la ingesta de alcohol, tabaco y medicamentos sedantes, dormir de lado y adelgazar.

Perder unos kilos puede facilitar la mejoría de quienes sufren transtornos del sueño, que suelen tener la obesidad como característica principal, pues simplemente con adelgazar pueden dejar de roncar y por lo tanto de tener paradas durante el sueño.

El 6 por ciento de los hombres entre 30 y 60 años sufre esta dolencia, mientras que la mujer sólo alcanza el 3 por ciento, aunque las cifras se van asemejando conforme la mujer supera la menopausia, pues suele ser causa del comienzo de los ronquidos entre las féminas y, por lo tanto, de tener esta patología.

En este sentido, Caballero explica que la mujer tiene unos síntomas diferentes a los hombres, pues las consecuencias de la apnea son cansancio generalizado en vez de somnolencia.

Ahora bien, el diagnóstico de esta enfermedad no es fácil, pues según Caballero sólo el 10 por ciento de las personas con problemas de sueño están diagnosticadas, pero en todos los casos deben pasar una prueba evaluativa basada en el control del sueño.

Se puede realizar en el hospital (polisomnografía) que evalúa la calidad del sueño y el número de paradas durante la noche, o en casa (poligrafía) que sólo estudia estas paradas respiratorias, pero ambas descartan problemas asociados al sueño.

De hecho, fuentes de la Consejería de Sanidad han indicado que se realizan un millar de estudios diagnósticos al año en cada uno de los tres hospitales de la Región que tienen unidades del sueño, como son el Morales Meseguer, la Arrixaca y Rosell en Cartagena, que evalúan si tienen problemas de sueño u otras enfermedades asociadas.

Los enfermos de apnea, porque se despiertan inconscientemente, no llegan a alcanzar las tres fases principales del sueño, consistentes en un sueño superficial, uno profundo y la fase Rem, ciclo de entre 60 y 90 minutos que se va repitiendo unas cinco veces a lo largo de la noche.

El jefe de la Unidad del Sueño aconseja que se duerman entre cuatro y once horas, dependiendo de las necesidades de cada uno y que incluso se duerma la siesta, siempre y cuando no se llegue a la fase profunda del sueño.

Ahora bien, si una persona duerme más de dos horas de siesta eso puede ser síntoma de algún problema del sueño, al no descansar por la noche, apunta Caballero.

 
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