01-10-2019 / 20:39 h EFE

La cuarta novillada de la Feria del Zapato de Oro de Arnedo ha estado marcada por la buena actuación del madrileño Rafael González, que ha abierto la puerta grande con dos orejas, y por la presencia de "Cencerrito" un novillo bravo y encastado que también dio la vuelta al ruedo.

Con un tercio de la grada en la plaza, se han lidiado seis novilllos de Cebada Gago, bien presentados. El primero aplaudido de salida y rebrincadito. El segundo toreable, con chispa y con casta el tercero. Destacó por bravo el cuarto; y fueron de menos clase, el quinto, y deslucido, el que cerró plaza.

Rafael González: Oreja y Oreja tras aviso

Ignacio Olmos: ovación y vuelta tras avisop

Antonio Grande: silencio en ambos

Rafael González, empezó de rodillas con el primero, pero completó una faena sin obligar, sin acople por el izquierdo, con excesivas precauciones; el novillo quería pero protestaba, con lo que cerró una faena plana, con pasajes de "a diario" y en la que ni siquiera sonó la música, pero cierto paisanaje solicitó la oreja que le fue concedida de forma excesiva.

En el cuarto se vio lo mejor del capote del madrileño, que se encontró al novillo de la feria, premiado con la vuelta al ruedo, que peleó muy fuerte en varas y que fue pronto en banderillas. "Cencerrito" fue un compendio de bravura, casta, fijeza y prontitud, el sueño de cualquier ganadero.

Pero el novillero estuvo por debajo del nivel del animal, cuya exigencia pidió más sitios y distancia; el novillero, sacó pasajes correctos, pero por debajo de lo que permitía el toro; dejó una estocada, tuvo que usar el verduguillo y se llevó una oreja.

Ignacio Olmos en el segundo, tras empezar en redondo con alguna brusquedad, entendió al Cebada, mejoró por el izquierdo ligando pases, dejando una faena digna ante un novillo al que no era fácil sacarle cosas destacables; mejoró por el derecho, ligando al final del trasteo y recogiendo una ovación que pareció poco premio

Le tocó en el quinto de la tarde el de menos clase y más complicado, con el que el novillero toledano trató de enganchar al público, pero la faena nunca subió de tono motivado entre otras cosas por hasta tres desarmes; no encontró el punto de embroque preciso y aunque lo intentó recorrió mucha plaza y acabó en chiqueros con una delantera.

Antonio Grande se midió a un novillo, el tercero, que parecía con poca fuerza en los primeros tercios, pero sacó casta con una embestida prodigiosa y fijeza; el novillero estuvo muy eléctrico, con una faena sin estructura, demasiados enganchones y pasajes deslabazados; al final, la punta de casta de "Bético" fue demasiada exigencia para él.

El novillo que cerró plaza fue el de peor condición de la tarde; el novillero no se le pudo obligar y, además, siguió con un toreo sin encaje y falto de temple; todo con cierta brusquedad entre enganchones.

 
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