24-09-2019 / 16:50 h EFE

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y Thyssen Bornemisza Art Contemporary (TBA21) invitan a los visitantes a reflexionar sobre las tecnologías humanas y animales en la exposición "Más-que-humanas", de los artistas Dominique Gonzalez-Foerster y Tomás Saraceno.

La muestra -comisariada por Stefanie Hessler-, que se podrá ver desde mañana y hasta el 1 de diciembre, es la tercera colaboración entre ambas instituciones.

"Este acuerdo ya es una realidad, vamos a realizar dos exposiciones al año en colaboración con el TBA21 y otras diferentes actividades", ha señalado Guillermo Sola, director artístico del Thyssen.

La fundadora del TBA21, Francesca Thyssen-Bornemisza, ha declarado que confía en el poder transformador del arte y en su potencial para "mostrar las posibilidades que tienen otras realidades de propiciar el conocimiento".

"La exposición 'Más-que-humanas' explora cuestiones sobre las tecnologías humanas y sobre las que no tenemos a través de la cultura del Antropoceno", aclara Thyssen.

Gonzalez-Foerster se inspira para su obra en el modernismo, en la arquitectura, literatura, música y cine. "Opera (QM.15)" es un holograma donde la artista francesa aparece caracterizada como la soprano María Callas, enfundada en su icónico vestido rojo y sincroniza el movimiento de sus labios con algunas de sus arias más famosas.

"En cierto sentido sus piezas son como sesiones de espiritismo. Dominique no imita los gestos de María Callas, sino más bien, ese arte que poseía la cantante ha poseído también a Dominique en su obra", apunta el director artístico del Thyssen

La obra forma parte de una serie que evoca a personalidades, como las actrices Marilyn Monroe o Sarah Bernhardt, en instalaciones que la artista denomina como "apariciones".

Las otras dos salas a oscuras de la exposición, las ocupan las obras de Tomás Saraceno. El artista presenta la instalación "¿Cómo atrapar el universo en una telaraña?" (2018), que forma parte de sus estudios sobre las telas de araña, "cuyas estructuras parecen pequeños universos que superan a la arquitectura humana", afirma Sola.

En el centro de la segunda sala, un foco ilumina desde abajo una telaraña en una vitrina que cuelga. La obra evoca los rayos de luz que permiten ver las motas de polvo en casa de sus abuelos, según ha señalado el artista.

Mientras que en la siguiente sala hay una telaraña en movimiento por las vibraciones, iluminado con un rayo láser rojo. "Las arañas no tienen oídos, pero su vida depende de las vibraciones, el sonido desempeña un papel importante en su mundo, en cierto sentido tiene relación con las cantantes de ópera", explica Sola.

La comisaria de la exposición también alude a esta idea afirmando que "las dos (arañas y cantantes de ópera) nos invitan a alcanzar la armonía con nuestro entorno y a sentir aquello que existe más allá de la retina", concluye.

 
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