19-02-2016 / 15:00 h EFE

El Instituto de Física Corpuscular (IFIC), dependiente del CSIC y de la Universidad de Valencia participa en el primer estudio conjunto para detectar neutrinos asociados a ondas gravitacionales, según ha informado la institución académica.

Los científicos del IFIC colaborarán con el experimento LIGO, responsable de la detección de la primera onda gravitacional, provocada por la colisión de dos agujeros negros, que se produjo en septiembre de 2015 y se detectó el pasado 11 de febrero.

El objetivo de esta colaboración es determinar con exactitud el lugar donde se produjo el evento, y para ello LIGO colaborará con los telescopios de neutrinos IceCube y ANTARES, proyecto internacional cuya participación española está liderada por el IFIC.

El Instituto, que considera la detección de ondas gravitacionales como "el acontecimiento científico del año", publica ahora, en colaboración con los otros proyectos citados, los primeros resultados de la búsqueda conjunta de neutrinos procedentes del choque cuya onda gravitacional detectó LIGO.

"La ventaja de observar el universo con neutrinos es que esta partícula elemental, que apenas tiene masa y no tiene carga eléctrica, viaja directamente hasta nosotros desde que se produce sin apenas interactuar con el resto de materia", han explican desde el IFIC.

De este modo, los neutrinos contienen información de primera mano del suceso que los origina, como las ondas gravitacionales, así que, según los científicos, "se trata de dos nuevas maneras de estudiar el cosmos, que complementan las observaciones astronómicas basadas en la luz".

IceCube y ANTARES son pioneros en la observación del cosmos mediante neutrinos, conocidos como la 'partícula fantasma' por su dificultad para detectarlos, y actúan mediante la interacción de estas partículas con el agua o el hielo, que produce una luz que pueden detectar los sensores.

Para Juan de Dios Zornoza, miembro de ANTARES, los telescopios de neutrinos "observan todo el cielo continuamente y con buena resolución angular, lo que puede ayudar a localizar el origen de este evento y entender mejor el fenómeno", aunque, para él, este descubrimiento "es sólo el principio" y espera "nuevas ondas gravitacionales para estudiar".

La detección de la primera onda gravitacional el 11 de febrero se produjo a más de 1.300 millones de años luz, cuando dos agujeros negros con una masa 30 veces mayor que la del Sol chocaron convirtiendo una parte de esa masa en un 'pliegue' del espacio-tiempo, como predecía la teoría de la relatividad general de Einstein.

 
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