12-10-2018 / 18:20 h EFE

Las políticas arancelarias que se desprenden del acuerdo entre Ecuador y la UE, que entró en vigor en enero de 2017, fueron analizadas en la "Expo Europa 360", foro que trata de alentar las relaciones comerciales entre las dos partes.

El jefe de estudios de Enseñanzas Especiales en el Instituto de Estudios Fiscales del Ministerio de Hacienda de España, Gonzalo Gómez, participó en este marco en una ponencia titulada "Aduanas", en la que repasó los hito y desafíos que afrontan en un mundo cada vez más global.

"Se trata del equilibrio entre la facilitación del comercio, por una parte, y la existencia de lucha contra el fraude aduanero en el sentido amplio, como una obligación pública", explicó a Efe Gómez sobre su disertación, antes de subrayar que "las administraciones aduaneras están en un proceso de modificación y evolución muy importante".

La feria multisectorial, que abrió sus puertas el miércoles y concluye el sábado, y en la que participan 200 empresas, se desarrolla en el Centro de Convenciones Metropolitano de Quito, donde se dan cita expertos, inversores, empresas y empresarios de países no comunitarios como Ecuador, Uruguay, México, Argentina, China, Israel y Emiratos Árabes Unidos.

El acuerdo aduanero entre Ecuador y la UE entró en vigor en enero de 2017 y aunque hasta ahora ha generado un incremento del comercio de entre 20 y 25 por ciento, las perspectivas de mejora son inmensas.

Convocada por las cámaras de comercio de varios países comunitarios, entre ellos la de España, Expo Europa 360 trata en ese sentido de dar a conocer las ventajas del acuerdo porque muchos ecuatorianos aun no saben como aprovechar sus oportunidades.

Especialista en el sector aduanero y con una larga trayectoria profesional en este ámbito que le ha llevado a asesorar a varios países, Gómez cree que en la actualidad "en momentos de globalización en que nos encontramos, no se pueden poner trabas al comercio exterior".

Subraya que la razón de la aduana es "el control de logística internacional que tiene la función de facilitar el comercio y controlar con criterios de seguridad policial".

Descarta la función tradicional que tenía de "cobrar solamente", y considera que los acuerdos de libre comercio o de índole similar "en el fondo, lo que hacen es bajar la recaudación porque los aranceles acaban desapareciendo en la mayoría de los casos".

Al hilo de las nuevas funciones aduaneras indica que aunque baje la recaudación, si el tráfico de mercancías es limpio, sube la de impuestos internos como el IVA o de otro tipo, lo que complementa la economía, alienta el comercio y favorece el desarrollo y la creación de puestos de trabajo.

Gómez resalta asimismo que existe mucha "función complementaria" en el ámbito aduanero relacionada con la sostenibilidad, cuestiones nucleares, protección de distintos tipos de bienes jurídicos, y problemas de terrorismo derivados del tráfico de mercancías.

"La aduana tradicional hace 100 años era cobrar una tasa", incide, pero hoy afronta retos transnacionales y universales como el tráfico de drogas y la corrupción, fenómenos que considera que hay que atacar de raíz y "procesar a los que haya que procesar".

 
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