14-06-2018 / 17:41 h EFE

Una experta ha abogado por dejar las acciones puntuales contra la violencia escolar y optar por planificar la convivencia con programas múltiples, acciones meditadas para el aprendizaje de la educación socioemocional, la resolución pacífica y la prevención del acoso escolar.

Este trabajo con programas de convivencia resulta más efectivo, según recoge la tesis doctoral de la psicóloga clínica y experta en convivencia escolar Txon Vega Osés, que ha estudiado los efectos que las actuaciones en materia de convivencia escolar desarrolladas por tres centros de Navarra han tenido sobre el comportamiento social de su alumnado y su percepción sobre el índice de violencia en el aula y el clima escolar del centro.

La investigación se ha centrado en el alumnado de cuarto a sexto cursos de Educación Primaria y se ha prolongado durante tres cursos escolares, lo que ha permitido comprobar su efecto en el tiempo.

Según se constata en la investigación, "las intervenciones puntuales enfocadas a la prevención de la violencia no contribuyen a reducir ni la violencia hacia el profesorado, ni ninguna modalidad de violencia entre iguales", traslada la UPNA en una nota.

Tampoco se consigue disminuir la violencia entre iguales desde acciones dirigidas al conocimiento y cumplimiento de las normas, ni desde programas únicamente de resolución de conflictos, aunque estos puedan tener otros efectos positivos, como menor violencia hacia el profesorado o menor disrupción.

Por ello, Vega propone "planificar la convivencia, no a través de acciones puntuales, sino mediante la intervención por programas que respondan a unos objetivos de aprendizaje y a un enfoque múltiple que amplifique su efecto".

Para esta experta, la convivencia escolar alude a la calidad de las relaciones entre los miembros de la comunidad educativa y, por lo tanto, no tiene que ver con la violencia, sino precisamente con su prevención.

"La convivencia es, y debe ser, un aprendizaje que requiere de espacios y tiempos en el contexto educativo, y no ser algo sobre lo que poner el foco de atención cuando han surgido los problemas", apunta.

Según recomienda, la labor preventiva debe realizarse desde edades tempranas, ya que problemas como la violencia hacia el profesorado, la agresividad y competitividad entre iguales y la disrupción en el aula se acentúan en los últimos cursos de Educación Primaria.

Las acciones deben centrarse en prevenir la violencia verbal (la más frecuente), sin olvidar la violencia física y la exclusión social. Además, es preciso emprender acciones encaminadas no solo a la convivencia, sino también a la ciberconvivencia, porque a los 9 años ya hay indicios de violencia a través de las redes.

Además del seguimiento en los tres centros, la investigadora ha realizado una revisión de las leyes educativas y de la normativa de las comunidades autónomas, a través de las cuales se ha buscado dar estructura y organización a la convivencia escolar.

"En todas ellas, ha quedado patente la necesidad de que cada centro educativo cuente con una comisión dedicada a la convivencia -no a la disciplina- y un plan de convivencia desde el que se planifiquen y articulen las acciones a realizar", dice Vega.

También cree conveniente que los centros incorporen sistemas de evaluación "que les permitan detectar necesidades y conocer el alcance y el efecto de sus acciones", concluye la autora de la tesis, que ha sido calificada con sobresaliente "cum laude".

 
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