27-02-2011 / 10:50 h EFE

El mural, que se encuentra en la Capilla Real tras el altar mayor, fue diseñado y dirigido por el arquitecto barcelonés, quien fue invitado en 1901 por el obispo de Mallorca Pere Joan Campis a trabajar en la catedral tras quedar asombrado en Barcelona por la obra de Gaudí.

En una entrevista con la Agencia Efe, los responsables del taller de restauración "Xicaranda", Alfredo Claret e Isabel de Rojas, han explicado el trabajo de restauración de esta obra de Gaudí a petición del prelado con la intención de emprender una gran reforma del templo.

Uno de los elementos que introdujo fue este mural, una amalgama de cerámicas, hierro forjado y bajorrelieves llenos de color, compuesto por casi 9.500 piezas individuales y de distintos tamaños, según han podido contar los nueve técnicos que han dedicado cuatro meses para renovarlo, aunque el proyecto, con sus estudios y preparación, ha supuesto un año de trabajo.

Gracias a esta actuación, ahora se pueden contemplar los cientos de colores, el pan de oro o los numerosos motivos florales de todo tipo que dormían bajo el polvo y la cera y que se han acumulado durante casi un siglo, así como 53 escudos de obispos mallorquines.

Claret destaca que Gaudí no repite ni un solo elemento de los que plasmó en este mural que fue ejecutado por un estrecho colaborador, el también arquitecto Josep Maria Jujol, que apenas terminada la carrera en 1906 se trasladó a Mallorca para realizar este trabajo.

Gaudí, señala la directora del proyecto de restauración, Isabel de Rojas, entendía que el templo es algo vivo que cambia con el paso de los años y con las innovaciones que él mismo introdujo desde un profundo sentido religioso y su basto conocimiento de la liturgia.

El mural está realizado directamente sobre la centenaria pared de marés de la catedral, aprovechando incluso sus imperfecciones con la intención de "fundir" lo nuevo y lo viejo, entendiendo la catedral como un elemento vivo de la naturaleza que evoluciona, comenta Claret.

Los restauradores señalan que la limpieza de las miles de piezas con hisopos empapados en agua y alcohol ha sido trabajosa porque ha tenido que acometerse una a una.

"Es sorprendente -añade de Rojas- el efectismo y lo rompedor de esta obra porque Gaudí no se conforma con una sola tonalidad de color, no quiere un rojo sino muchos, lo que ha complicado el trabajo; y porque no hay nada improvisado: cuando se ven hojas que parecen a primera vista que están rotas por el paso de los siglos lo que hace es imitar la naturaleza".

"De alguna manera, Gaudí experimenta en la catedral de Mallorca soluciones decorativas que después emplearía en la Sagrada Familia", apunta Claret como hipótesis.

De hecho, en Palma empleó un nuevo método para dar color a las vidrieras que utilizaría en el templo barcelonés y que consistió en superponer tres cristales de colores primarios: amarillo, azul y rojo.

La confección de este mural comenzó en el año 1907, concluyó dos años después y, como ha sucedido recientemente con la intervención de Miquel Barceló en la capilla de San Pedro, las reformas que llevó a cabo en el templo generaron una gran controversia social.

En el caso de Gaudí, añaden los técnicos, el obispo Campins fue un firme defensor del arquitecto barcelonés en contra de la opinión de algunos miembros del cabildo catedralicio.

La renovación emprendida por Gaudí concluyó poco después de la muerte del prelado en 1915, que fue enterrado tras el altar mayor junto a esta gran obra del artista catalán.

 
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