29-01-2011 / 13:10 h EFE

Tras cuatro días de manifestaciones y enfrentamientos con la Policía, los cairotas aprovecharon la mañana para descansar a la sombra de los arbustos de la plaza, fotografiarse con los soldados, rezar sobre el césped y seguir lanzando consignas en contra de Mubarak en medio de un ambiente festivo.

El centro de la ciudad amaneció salpicado de coches y furgones policiales calcinados y con suelo cubierto de escombros entre los que había latas vacías de gas lacrimógeno, mascarillas, piedras, chatarra y cristales rotos.

Una vez pasada la euforia inicial por haber forzado el bloqueo de la Policía sobre la simbólica plaza de Tahrir, que en árabe significa "liberación", los ciudadanos comenzaron a organizarse para adecentar la zona.

En la plaza de Tahrir, un grupo de manifestantes armados con bolsas de basura, guantes y escobas se organizó espontáneamente para comenzar a recoger escombros.

Iomna Selehe, estudiante universitaria, se unió a estos improvisados batallones de limpieza a primeras horas de la mañana y no dudó en afirmar que seguirá en la calle hasta que Mubarak dimita: "Me da igual lo que dijera ayer, me da igual que dimita su gabinete; el que tiene que marcharse es él", aseguró a Efe.

Los manifestantes siguen pidiendo a su presidente que abandone el cargo después de que anoche anunciara que seguirá al frente del país, pero que habrá un cambio de Gobierno.

"Esta es la última noche de Mubarak en Egipto", sentenció Tarek Mahmud, dentista, que añadió: "Nadie en Egipto quiere que Mubarak siga en el poder, queremos cambio y lo queremos rápido, Egipto tiene que poder pensar y hablar por si mismo".

A su lado, su amigo Ahmed Mohamed Jalid descansaba la pierna enyesada sobre el césped y mostraba su satisfacción por la presencia del Ejército en las calles de la capital: "La lealtad del Ejército es para con la gente, no hacia Mubarak", apostilló.

Jalid, que se manifiesta desde el primer día de movilizaciones, contó a Efe que un policía golpeó su pierna en plena refriega, fracturándole los ligamentos de la rodilla y causándole algunas heridas: "Estuve cinco horas en la calle sin poder recibir atención sanitaria", recordó.

Las Fuerzas Armadas controlaban hoy todos los accesos a la plaza de Tahrir y montaban guardia alrededor de la Embajada estadounidense, próxima a la plaza.

En un escenario muy diferente del que pudo verse ayer por la tarde, cuando los manifestantes la emprendieron a pedradas contra la Policía, los egipcios aprovechaban la mañana soleada para fotografiarse junto a los tanques, charlar con los soldados e incluso regalarles botellines de agua y refrescos.

"El Ejército es bueno para nosotros, son nuestra gente, nuestra familia", explicó el manifestante Mahmud Gomal.

Al otro lado de la plaza, soldados armados con porras, casco y escudos montaban guardia dentro del recinto del museo de antigüedades, donde la pasada noche, civiles y militares se organizaron para proteger de las llamas y el pillaje el edificio, que alberga la mayor colección de antigüedades del país.

Hoy, la sede del Partido Nacional Democrático de Mubarak seguía ardiendo al fondo y los manifestantes gritaban consignas en contra del presidente egipcio y le exigían que se marchara del país.

"El momento más importante para Egipto viene ahora", reflexionó Jalid, que, afirmó con resolución: "Nos quedaremos aquí hasta que Mubarak se vaya".

 
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