14-09-2010 / 19:40 h EFE

Bachelet es considerada por el 43% de sus compatriotas, según una reciente encuesta de la consultora Ipsos, como el mejor gobernante que Chile ha tenido en sus 200 años de vida independiente, mientras en todos los sondeos de opinión su popularidad se mantiene en torno al 80%.

No es poco para quien se asombraba en 2006 de haber llegado a La Moneda cargando "cuatro pecados capitales" en un país de tintes conservadores: "ser mujer, agnóstica, socialista y separada".

Tras dejar el gobierno, Bachelet ha sido señalada como la candidata ideal para que en 2014 regrese la Concertación, la coalición de centro izquierda desplazada del poder después de veinte años por el derechista Sebastián Piñera.

El carisma de esta hija de un general democrático que murió en la cárcel tras el golpe militar de 1973 no se resintió ni siquiera por el momento amargo en que entregó la presidencia a Piñera, dos semanas después del terremoto que devastó parte de Chile el pasado 27 de febrero.

En los meses siguientes, sus detractores han fracasado en tratar de convencer a los chilenos de un supuesto mal desempeño de Bachelet en la emergencia, en una nueva muestra de su capacidad para levantarse tras recibir golpes.

Bachelet, que ya había mostrado su templanza durante la dictadura de Pinochet, cuando fue encarcelada y torturada junto a su madre y sufrió la muerte de su padre, derribó un obstáculo tras otro y se asentó como una gobernante respetada y querida.

Una reforma social que incorporó a millones de chilenos hasta entonces marginados a beneficios estatales en seguridad social, salud, vivienda y educación y su presencia constante en cada ciudad, pueblo o villorrio del país para escuchar a la gente fueron sus herramientas.

Pensiones para las dueñas de casa, bonos acumulativos para las madres, vacaciones para los adultos mayores, la multiplicación de salas-cuna y jardines infantiles, de la alimentación escolar y becas estudiantiles y mejores viviendas sociales contribuyeron a su popularidad.

Contribuyó también una política económica que, sin grandes cifras en los indicadores, se proyectó también hacia lo social, con medidas que ayudaron a un reparto de la riqueza algo más equitativo, en un país que en 20 años cuadruplicó su producto hasta más de 170.000 millones de dólares.

Esa política le permitió manejar de forma ejemplar la última crisis internacional, gracias a recursos ahorrados por el alto precio del cobre y que le permitieron legar a su sucesor 25.870 millones de dólares en reservas internacionales y un potencial de crecimiento de hasta un 5,5% para este año.

El terremoto pudo ser un revulsivo aciago para Bachelet, por factores como la ausencia de una oportuna alerta de 'tsunami' o la demora en declarar el estado de excepción e instalar mandos militares en las zonas afectadas, todos profusamente difundidos por los medios.

Pero los chilenos pudieron ver a una Bachelet omnipresente en las zonas afectadas, dialogado con los damnificados y supervisando personalmente la distribución de ayuda, mientras ocultaba el dolor propio por la pérdida de su tía Alicia Bachelet, fallecida de un infarto durante el terremoto.

 
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