23-03-2010 / 13:40 h EFE

Así se ha puesto de manifiesto durante el Simposio Internacional sobre alteraciones de la función cerebral inducidas por contaminantes de los alimentos y del agua, organizado por la Cátedra Santiago Grisolía y que durante hoy y mañana reúne a cerca de 150 expertos internacionales en el Museo Príncipe Felipe de Valencia.

El director de la Cátedra Santiago Grisolía, Vicente Felipo, ha explicado que en la reunión se intentará determinar cuales son los niveles tolerables de estas sustancias en los alimentos o en el agua para que no produzcan estos efectos nocivos, especialmente en los niños durante la gestación, la lactancia y las edades más tempranas.

Felipo también dirige el Laboratorio de Neurobiología del Centro de Investigación Príncipe Felipe (CIPF), que ha participado en seis proyectos europeos donde han estudiado, en modelos animales, los efectos sobre el desarrollo cerebral de la exposición durante la gestación y lactancia a diferentes contaminantes como PCB (difelinos policlorados), metilmercurio o aluminio.

En estos estudios han comprobado que, a ciertas dosis, algunos compuestos conducen a déficit cognitivos y motores, y los resultados obtenidos muestran que estos contaminantes afectan al desarrollo cerebral a dosis mucho menores de las necesarias para inducir otras alteraciones en la salud, como el cáncer.

"El cerebro en desarrollo es, en muchos casos, la diana más sensible a los efectos de estas sustancias", ha indicado el experto, quien ha destacado que por ello es importante determinar cuales son los límites tolerables para un cerebro en desarrollo.

Según ha indicado, en zonas donde la concentración de los contaminantes en el mar es alta, y la población se alimenta principalmente de la pesca, se ha observado que hay un incremento en la incidencia de deficiencias cognitivas en la población infantil, debida a alteraciones durante el desarrollo cerebral.

Felipo ha destacado que los contaminantes que ingieren los peces como el metilmercurio o los PCB se concentran especialmente en los países escandinavos, donde el consumo de salmón suele ser muy alto, y en estos casos se recomienda a las mujeres gestantes que ingieran una determinada cantidad de este alimento.

No obstante, ha señalado que, según datos que se presentan en el simposio, en Estados Unidos cada año alrededor de 300.000 recién nacidos tienen riesgo de padecer algún grado de deterioro cognitivo por estar expuestos a niveles de metilmercurio excesivamente altos.

Vicente Felipo ha señalado que también se ha comprobado que la exposición a dosis altas como algunos contaminantes como insecticidas o pesticidas, pueden predisponer a la aparición de algunas enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, y otros como el aluminio, podrían contribuir a la aparición del Alzheimer.

Aunque las exposiciones a altas dosis solo se producen "cuando hay algún tipo de accidente", lo preocupante para los expertos es la exposición a niveles bajos de estos contaminantes, que denominan la "pandemia silenciosa".

"Produce unos efectos de un retraso en el desarrollo cerebral que es difícil de detectar y que puede llegar a afectar a una mayor cantidad de personas en distintas áreas del mundo", ha señalado el director de la Cátedra Santiago Grisolía.

Según Felipo, existe un control sobre los alimentos por parte de las Agencias de Seguridad Alimentaria, aunque ha precisado que existen más de 100.000 productos químicos que se utilizan en la industria "y no todos se han evaluado".

 
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