17-04-2018 / 14:50 h EFE

La Audiencia de Cantabria ha condenado a seis meses de prisión, y a pagar una multa de 900 euros, a una comercial de una empresa de luz y gas que falsificó la firma de tres particulares para cambiarles de compañía suministradora.

El tribunal ha desestimado así el recurso que presentó la comercial contra una sentencia del Juzgado de lo Penal número 4 de Santander que le impuso esa condena por un delito continuado de falsedad en documento mercantil.

La mujer trabajaba a comisión para una empresa que a su vez había sido contratada por una suministradora de gas y electricidad para captar clientes.

Según recoge la sentencia, entre noviembre y diciembre de 2014 visitó varios domicilios de Santander y consiguió hacerse con el DNI y otros datos personales que utilizó para cambiar de compañía suministradora a tres particulares, falsificando sus firmas.

En uno de los casos hizo el cambio sin el consentimiento del cliente y en otro sí lo tenía, pero habían convenido que el contrato se hiciese a nombre del marido de la mujer cuya firma simuló.

En el tercer caso también contó con el consentimiento del cliente para el cambio de compañía, pero presentó un documento con su firma falsificada en el que no se recogían las condiciones que le había ofrecido.

La suministradora ha penalizado a la empresa para la que trabajaba la comercial con el pago de 1.566 euros, al comprobar el carácter fraudulento de varios de los contratos concertados por la comercializadora.

En su recurso, la acusada alegó que el juzgado de instancia no practicó "prueba de cargo suficiente que desvirtúe el principio de presunción de inocencia" e insistió en que la prueba pericial caligráfica de las firmas que obran en los contratos no concluye que ella fuese su autora.

La Audiencia de Cantabria recuerda en su sentencia que los tres clientes acreditaron en el juicio que la acusada fue la persona que se presentó en sus domicilios y les ofreció cambiar de compañía, y también que le facilitaron sus documentos de identidad.

Cuando les enseñaron los contratos, añade, afirmaron que no eran sus firmas, un extremo corroborado por la prueba pericial caligráfica que, a juicio del tribunal, es "concluyente".

Así, para la Sala, si las firmas no eran de los clientes, y por tanto eran falsas, y la interesada en que cambiaran de compañía era la acusada, que había sido contratada para ese fin y tras la visita a los domicilios entregaba a la empresa la documentación, como reconoció en su declaración, "la conclusión no puede ser otra que la acusada falsificó las firmas para cobrar la oportuna comisión".

 
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