18-03-2018 / 14:20 h EFE

Tras el premio Pritzker ganado en 2017 por el estudio RCR, "la arquitectura catalana atraviesa un buen momento y tiene un gran futuro, al haber conjugado influencia internacional y tradición local", asegura Joan Busquets, autor del libro "Joyas de la arquitectura catalana contemporánea".

En una entrevista concedida a Efe, el arquitecto Joan Busquets, catedrático de Harvard, que ofrece en este amplio volumen un "canon" de este período a partir de más de un centenar de edificios y conjuntos construidos en los últimos ochenta años, ha explicado que "la figura del arquitecto estrella no se acabará nunca, porque los medios de comunicación prefieren a los arquitectos mediáticos, y en eso la televisión ha tenido mucha influencia".

En este período, uno de los grandes cambios que se han producido en el paisaje urbano ha sido la irrupción de los rascacielos, de manera especial en el área metropolitana, admite Busquets, para quien "el único requerimiento que se debe exigir a un rascacielos es que esté bien ubicado en la ciudad, como sucede con el Hotel Arts y la Torre Mapfre, que celebran la apertura al mar de 1992 y que sirven de eje con la Sagrada Familia".

Además, añade el autor, "deben ser de gran calidad arquitectónica y bien producidos".

A su juicio, la ciudad del futuro siempre será "una combinación de público y privado" y menciona como ejemplo perfecto el Eixample barcelonés, que "es iniciativa privada siguiendo las reglas públicas del Plan Cerdà".

Inicia su análisis en "Joyas de la Arquitectura Catalana Contemporánea" (Enciclopèdia Catalana) con el Pabellón Alemán de la Exposición Universal de 1929, del arquitecto Mies van der Rohe, y el movimiento racionalista del GATCPAC, que "marcan la evolución hacia la arquitectura actual, aunque no de manera continua, sino con altibajos".

Al igual que en la actualidad, aquella arquitectura de los años 30 era "muy innovadora" y "utilizaba un lenguaje y técnicas europeas, pero combinadas con la tradición local como cuando Sert utiliza la bóveda de ladrillo catalana".

Acabada la Guerra Civil española "se entra en un período gris, en el que la arquitectura es esencialmente monumentalista" y la escasa arquitectura moderna se circunscribe al ámbito doméstico como pasa con Josep Maria Coderch.

"No se produce arquitectura moderna hasta que llega el Grup R, con Oriol Bohigas y Antoni de Moragas, que son, al mismo tiempo, adalides de la defensa de esa tradición".

El desarrollismo de los años 60, que construyó la periferia de Barcelona trajo, en opinión de Busquets, "una arquitectura nada interesante".

El momento álgido de la arquitectura catalana contemporánea tiene lugar con la llegada de la democracia, cuando "el sector público, los ayuntamientos, comienzan a tener cierto protagonismo, construyen escuelas, ambulatorios; y aparece la idea de que el espacio público es importante, nace la arquitectura de la ciudad".

En ese marco surge el denominado "modelo Barcelona", que no es exclusivo de la ciudad, sino que se extiende por toda el área metropolitana: "El arquitecto deja de pensar en el edificio objeto y se centra en el edificio que hace también ciudad".

El cenit de este pensamiento coincide con el período olímpico, que, según Busquets, "tuvo un impacto tan o más fuerte que la Exposición de 1888, en la que Barcelona hizo un llamamiento al mundo de que existía, y es cuando explotó el Modernismo".

Busquets hace una defensa del arquitecto Santiago Calatrava y elogia su puente de Bac de Roda en Barcelona, que demuestra que es "un gran ingeniero", cree que "ha crecido demasiado y quizá su vocación no era ser estrella" y tampoco le ha ayudado su intervención en Valencia, que está "fuera de escala".

Sin querer entrar en polémicas, Busquets se refiere a la Sagrada Familia como "un edificio que pedía que se hubiera dejado con la parte hecha por Gaudí, quien, como Messi, es un genio irrepetible, imposible de replicar".

Recuerda Busquets que, al contrario que el racional Domènech Muntaner -autor del Palau de la Música-, Gaudí hacía rehacer cosas que había ordenado la semana anterior y era un constructor arquitecto que decidía cosas en el acto".

En ese futuro inmediato de la arquitectura catalana, Busquets detecta que "pasados los momentos difíciles de la crisis, que llevó a muchos arquitectos al extranjero, hay hoy tendencias nuevas con el uso de materiales más económicos, también una arquitectura más verde para conseguir proteger los edificios de unas condiciones medioambientales duras".

En el libro se analizan edificios institucionales como la Diputación de Barcelona, la Fundación Alicia o el Colegio de Arquitectos; equipamientos locales como la Escola Thau, el sector Fabra & Coats, el Mercado de Santa Caterina o la Biblioteca Jaume Fuster de Barcelona, o el tanatorio de Vila-seca; y equipamientos generales como la Universidad Laboral de Tarragona, los juzgados de Vic, el Teatro Museo Dalí, CosmoCaixa o la reforma y ampliación del Museo Picasso y del Palau de la Música.

También se detiene en espacios públicos como el casco antiguo de Ullastret, el Anillo Olímpico, el Parc de l'Escorxador o el Velódromo de Horta en Barcelona; o en edificios de uso mixto como el Hotel Park, el Noticiero Universal, el Banco Sabadell, la Illa Diagonal, la Torre Agbar, la sede de Gas Natural, el edificio de oficinas 22@, o la plaza de Europa de L'Hospitalet.

 
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