01-01-2018 / 11:19 h EFE

La Mezquita de Cordoba, el Archivo de Indias de Sevilla y el Carmen Rodríguez-Acosta de Granada han sido los edificios seleccionados por Rafael Moneo, uno de los arquitectos españoles de mayor reconocimiento internacional, para basar su ensayo "La vida de los edificios" (Acantilado).

La idea de estos tres escritos sobre los tres edificios históricos andaluces es explicar cómo los cambios que sufren a lo largo de su historia, que no alteran sus rasgos más característicos, denotan la vitalidad de estas construcciones, aun siendo tan distintas, de periodos históricos tan alejados en el tiempo y de autorías tan dispares.

Sólo el edificio sevillano pertenece a un único arquitecto, ya que las modificaciones estructurales de la Mezquita se efectúan ya a lo largo del periodo islámico y en la construcción del carmen granadino, ya en los años veinte del siglo pasado, intervienen hasta cinco arquitectos.

Moneo no oculta en su libro que una de sus aspiraciones al publicarlo -sobre una iniciativa del fallecido editor Jaume Vallcorba, que animó al arquitecto a reunir varios de sus escritos- es que quienes visiten estas tres capitales andaluzas tengan más elementos de enjuicio para disfrutarlas.

"Córdoba, Sevilla y Granada son tres ciudades imprescindibles para quien quiera conocer España y su arquitectura", advierte en las primeras páginas de su ensayo, para añadir que en el caso de la Mezquita "ha quedado fielmente documentada toda la historia de España".

A la elección del Archivo de Indias de Sevilla, edificio del arquitecto renacentista Juan de Herrera que se conoce como "la lonja de Sevilla", le llevó el que se trate de un edificio que permite "explorar hasta qué punto un modo de pensar está en el origen de una obra de arquitectura", uno de esos casos en los que "la arquitectura materializa el mundo de las ideas".

A diferencia de la Mezquita, en la que Moneo explora las propuestas formales en las que se funda, en el edificio sevillano el arquitecto pone de manifiesto "el directo influjo de las ideas en la obra arquitectónica" y recuerda que Juan de Herrera fue un firme partidario de la Contrarreforma.

Los contrarreformistas, advierte el arquitecto, "trataban de conciliar el conocimiento de la naturaleza propugnada por la cosmología renacentista con la idea de que el poder terrenal del soberano a quien servían procedían de un mandamiento divino", por lo que en este caso Moneo también se detiene en "el soporte ideológico" que hizo posible la obra arquitectónica.

Herrea fue autor de un "Discurso de la figura cúbica", que Moneo describe como "un curioso antecedente" de las propuestas formales que tanto iban a interesar a las Vanguardias del XX, por más que, aclara más adelante, el texto del arquitecto renacentista nada tenga que ver ni con la geometría ni son las vanguardias.

El origen del texto sobre el carmen granadino está en el que escribió Moneo para ilustrar un álbum fotográfico histórico que fue dejando constancia de su proceso de construcción, en la que intervinieron con proyectos distintos y consecutivos los arquitectos Ángel Casas, Ricardo Santa Cruz, Modesto Cendoya, Teodoro de Anasagasti y Felipe Giménez Lacal, quienes trabajaron en una obra cuya construcción duró quince años.

Del Carmen Rodríguez-Acosta confiesa Rafael Moneo que se trata de un edificio que siempre le había intrigado y al que siempre ha considerado "como uno de los más notables y valiosos" construidos en España durante los años veinte.

Del promotor de este fabuloso carmen levantado en una colina próxima a la de la Alhambra, el financiero, artista y filántropo José María Rodríguez-Acosta, dice Moneo que quiso hacer de este edificio "su autorretrato".

 
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